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Gabriel Jose Rivera Cotto

Rutgers/PRAC intern summer 2022, Mellon intern 2024

Estudiante doctoral en historia, Yale University


Unos 8 legajos han sido añadidos a la serie de Expedientes de Servicio de la Policía y Cárcel dentro del Fondo Municipal de San Juan que alberga el Archivo General de Puerto Rico (AGPR). La preparación de estos documentos para uso público fue parte de los trabajos del Puerto Rico Archival Collaboration de Rutgers University en el AGPR. Este servidor trabajó en este proyecto y en este escrito les presentaré brevemente los materiales que alberga dicha serie y su contexto y valor histórico con el fin de animarlos a solicitarlos para sus trabajos de investigación del San Juan y Puerto Rico decimonónico.

Los nuevos legajos van del 175 al 183 del fondo de San Juan. Los documentos de la serie datan, de manera interrumpida, desde el 1848 hasta 1903. El legajo 175 contiene circulares (1881-1897), correspondencia con la Alcaldía (1848-1900) y una cantidad sustancial de correspondencia sobre recaudación de prestaciones para caminos (1858-1860). Los legajos 176 y 177 contienen las partes diarias de policía (1852-1881) de las cuales hablaré con más detalle adelante. El legajo 178 contiene citaciones, pedidos de certificados de conducta, busquedas y detenciones, y remisiones de coches, entre otros documentos emitidos mayormente en los años 1870, 1877, 1893 y 1894, por los juzgados de Catedral y San Francisco de la Capital. La caja también incluye algunos documentos de la Audiencia Territorial (1893-1894), inquisitivas sobre las contribuciones de vecinos de la ciudad (1891-1893) y pedidos de certificados de conducta (1870-1900; siendo la mayoría del 1870, 1881 y 1883).

Los próximos dos legajos, 179 y 180, abarcan ordenes emitidas por la Alcaldía de San Juan. El legajo 179 contiene citaciones para jucios verbales por disputas de cobro de pesos, injurias, y desalojos, entre otras faltas menores (1859-1864), multas por infracciones a las reglas de policía (todas del año 1897), y algunas pocas ordenes de retención de sueldo. Por otra parte, en el legajo 180 encontraran rutas, indicando a qué pueblo enviar a presos y detenidos (1881-1900), y requisitorias para la búsqueda y captura de individuos por hurto, estafas, agresiones, etc. (1870-1898; siendo la mayoría de los años 1893-94). El último legajo bajo la sub-serie de Policía es el 181. Su contenido es misceláneo, abarcando permisos para bailes, rosarios, reuniones, arreglos de casas (1848-1900; la mayoría siendo del 1870 y el 1900), algunos documentos sobre los miembros de la policía (1856-1900), documentos sobre el Hospital de Caridad, el Hospital Militar y otros asuntos de salud pública (1848-1900), denuncias (1877-1900), cambios de domicilio (todos del 1881), relaciones de pasajeros (1870), reclamaciones de libertad por esclavos (1870), entre otros muchos temas divididos en uno o dos documentos por tema.

Finalmente, los legajos 182 y 183 de la sub-serie cárcel contienen las partes diarias de la cárcel de la capital. La mayoría de las partes son de los años 1881, 1893 y 1894, sobre personas arrestadas por hurto y estafa. También se encuentran certificados de libertad para los años 1897 al 1899. Una caja entera de partes de admisión y libertad para el año 1903 se encuentran en el legajo 183. Este es el único legajo cuyos documentos corresponden exclusivamente al gobierno colonial bajo administración estadounidense.

De todos estos, encontré que los documentos más completos e interesantes fueron las partes de la Guardia Municipal, el Cuerpo de Serenos, el Cuerpo de Orden Público y la Celaduría Municipal. Estas se dividieron en orden cronológico con las partes de la Guardia Municipal de los años 1852, 1853, 1856 y 1860, y las del Cuerpo de Serenos de los años 1860 y 1864 en el legajo 176. Mientras que las partes del Cuerpo de Orden Público de los años 1876, 1877 y 1881, y la Celaduría Municipal del año 1881 se mantuvieron en el legajo 177. Como pueden apreciar, los legajos no cuentan con documentos ininterrumpidos, lo que limita el estudio de ciertos temas a fechas específicas o nos obliga a realizar saltos temporales al momento de analizarlos. Con esto en mente, comparto con ustedes un análisis preliminar de las partes de la Guardia Municipal de San Juan, especialmente aquellos que conciernen a la vigilancia del movimiento de personas y mercancías hacia la ciudad.

¿Qué era la Guardia Municipal?

Los orígenes de la policía como institución en Puerto Rico datan del siglo XIX. Anterior a esto, como nos recuerda Adolfo de Hostos, “las funciones policíacas habían sido desempeñadas por los mismos gobernadores, por los alcaldes y regidores, y, dentro de ciertas limitaciones, por algunos vecinos blancos de buenas costumbres y de arraigo en la comunidad”.[1] A medida que la población de Puerto Rico, y especialmente el espacio urbano de San Juan, fue creciendo, y se fueron creando pueblos, los trabajos de guardia fueron tomando mayor organización. Ya para el siglo XVII, el alcalde de San Juan compartía la vigilancia de la ciudad con la Milicia Irregular Urbana. Esta fue convertida en las Milicias Urbanas de San Juan según propuesto por Alejandro O’Reilly en 1765.[3] En 1817, el gobernador Salvador Meléndez publicó un reglamento básico para esta institución, el cual disponía, entre otras cosas, que las Milicias Urbanas estarían compuestas de cien hombres, “de entre los primeros vecinos, “más pudientes”, y que se dividieran los milicianos blancos de los morenos.[4] Sin embargo, aún con las Milicias Urbanas se continuaba requiriendo el voluntariado de los vecinos quienes no siempre hacían su trabajo.

El 26 de marzo de 1822, un autor anónimo remitió una queja al Diario Liberal y de Variedades de Puerto Rico reclamando la práctica de obligar a vecinos a hacer guardia incluso cuando estos se encontraban enfermos, algo que no se le exigía a los milicianos. El autor menciona que al estos vecinos no poder hacer guardia, la vigilancia “regularmente viene a recaer en un negro esclavo como lo estamos practicando”.[5] Además, de Hostos nos explica que para 1850, el Gobernador Juan de la Pezuela tuvo que suprimir la prestación de servicios personales por las Milicias Urbanas porque esta milicia se había corrompido considerablemente pues hacendados y comerciantes los hacían trabajar la mayoría del tiempo “en beneficio de intereses personales”.[6] Según de Hostos y Francisco M. Zeno Vázquez, los motines de 1871, en que miembros de las Milicias Urbanas de San Juan participaron, convencieron a las autoridades locales de crear un cuerpo de Policía para la ciudad.[7]  En mayo de 1872, el Gobernador Ramón Gómez Pulido envió un proyecto a Madrid para la creación de un Cuerpo de Orden Público, el cual fue aceptado y comenzó a funcionar durante la segunda administración del Gobernador José Laureano Sanz (1873-74). Con la fundación del Cuerpo de Orden Público, el Cuerpo de Serenos, el cual funcionaba desde 1837 como guardia nocturna, fue suprimido.

La Guardia Municipal de San Juan, por ende, parece ser una institución capitalina cuyos miembros debieron ser los milicianos urbanos. Esta hipótesis concuerda parcialmente con la historiografía. A diferencia de lo mencionado por de Hostos, el historiador Héctor Andrés Negroni señala que en 1855 se emitió una Orden Oficial para suprimir las Milicias Urbanas. Sin embargo, nos recuerda que, según Salvador Brau, estas no fueron extinguidas hasta el 1860.[8] Esta fecha difiere de la brindada por los historiadores de Hostos y Zeno Vázquez, pero es en este año de 1860 que las partes diarias de la Guardia Municipal en estos legajos culminan. No obstante, si las Milicias Urbanas fueron suprimidas en 1860, como aseguran Salvador Brau y Negroni, tendríamos un espacio de 13 años entre la supresión de las Milicias Urbanas y la creación del Cuerpo de Orden Público en que no hubo servicio policiaco en la ciudad, lo que parece poco probable.

Un anuncio de libros disponibles en una librería de San Juan publicado en la Gaceta de Puerto Rico el 12 de Octubre de 1869, nos deja saber que la Guardia Municipal continuó sirviendo durante toda la década del 1860. Para 1871, publicaban un “Resumen de los servicios prestados por los individuos de dicha Guardia [Municipal]”, incluyendo el número de detenidos por robos, heridos, ebrios, escandalosos, faltos de cédula, por ser esclavos prófugos o por haber hecho infracciones al Bando de Policía.[10] Finalmente, en julio de 1873, el Corregidor de la Capital, Polux J. Padilla, informó a los vecinos sobre las disposiciones del Bando que debía seguirse con mayor celo ante la sequía que experimentaba la ciudad y las medidas que serían tomadas para las fiestas “conocidas generalmente con el nombre de “Comparsas”, ordenando al Comandante de la Guardia Municipal y Comisarios de Barrios a que se aseguren de que se sigan dichas ordenes.[11] Luego del 1873, no aparece otro número de la Gaceta de Puerto Rico que mencione la Guardia Municipal de San Juan, lo que concuerda con la fecha que brindó Adolfo de Hostos para la supresión de las Milicias Urbanas y la creación del Cuerpo de Orden Público.

Entonces, si la fecha de la supresión de las Milicias Urbanas fue en 1860, nos encontramos con dos posibilidades. Por una parte, que la Guardia Municipal fuese una institución sin relación con las Milicias Urbanas y, por ende, facultada de continuar la vigilancia de la ciudad una vez fueran suprimidas las Milicias Urbanas. Por otra parte, que los miembros de la Guardia Municipal fueran Milicianos Urbanos, y que en el momento en que estas fueron suprimidas en 1860, el Ayuntamiento de San Juan creo su propio reglamento para mantener la Guardia Municipal trabajando. Parece ser más seguro que las Milicias Urbanas no fueron suprimidas de facto hasta el 1873 con la creación del Cuerpo de Orden Público. 

El movimiento de mercancías y personas esclavizadas en San Juan

San Juan ha dependido desde sus comienzos de la importación de frutos, carnes y otros productos de primera necesidad para su sostenimiento.[12] Hacia el siglo XVIII, esta dependencia urbano-rural se transformó en el catalizador del desarrollo propiamente urbano de San Juan. De hecho, es en esta zona que rodea la bahía de San Juan y forma parte de su estuario que comienza la producción agrícola de monocultivo que domina la economía puertorriqueña en el siglo XIX. Como detalla Fernando Picó, “a mediados del siglo XVIII, en esta zona de acceso más fácil al único puerto oficial, San Juan, se empezaron a dividir los hatos entre sus condueños y a repartirse sus sobrantes entre familias desacomodadas de negros y mulatos libres”.[14] La repartición de terrenos entre hacendados, la liberalización en la importación de personas esclavizadas y la supresión del deber de hateros de proveer a la ciudad de carne son algunos de los factores que Picó identifica como “poderosos incentivos” para el desarrollo de haciendas azucareras y plantaciones de café y tabaco en los pueblos de Toa Baja, Toa Alta, Bayamón, Guaynabo, Río Piedras, Cangrejos, Trujillo y Loíza.[15]

Las mercancías dirigidas a San Juan llegaban principalmente por ruta marítima desde los pasajes de Palo Seco, en la desembocadura del Río Bayamón, Boca Habana, en la desembocadura del Toa, de Pueblo Viejo y de Martín Peña. Existía el acceso terrestre por el puente de San Antonio, pero este era más costoso, en parte por la falta de buenos caminos para aquellos pueblos que se encontraban al sur y oeste de la bahía de San Juan, como Bayamón.[17] El movimiento de estas mercancías lo realizaban generalmente peones o personas esclavizadas. Los pasajes de Palo Seco, Boca Habana y Pueblo Viejo, también contaban con un arrendatario llamado “Pasagero”. Este le arrendaba el pasaje al Ayuntamiento de San Juan y cobraba por el servicio de mover personas y cargamento desde los mencionados puntos hasta el puerto de San Juan. El arrendatario contaba generalmente con personas esclavizadas para realizar el viaje.[20] Algunos hacendados y comerciantes utilizaban sus propios botes y personas para mover cargamento o moverse a través de la bahía, lo cual podían hacer desde cualquier punto pero debían pagarle al arrendatario de los pasajes cuando salieran desde los embarcaderos que estos arrendaban.[21]

Se tiene constancia de que, para inicios del siglo XIX, los cargadores, borriqueros y carretilleros que llevaban mercancía a la ciudad por el puente de San Antonio, eran principalmente personas negras libres y esclavas. Zeno Vázquez nos indica, en su Historia de la Capital de Puerto Rico, que para 1816 existía un “Instituto de negro borriqueros” que se dedicaba a “cargar y conducir por su propia conveniencia aquellas cosas de grabedad que no pueden en ombros”.[22] Según el autor, a este gremio no podían pertenecer negros esclavos y, aunque tenían un privilegio sobre el movimiento de “cosas de grabedad”, no se le prohibía a otros vecinos “proporcionarse la subsistencia o sea que carguen las cosas ligeras a persona para este fin,…, siendo serbidos a menos costa que en mulos”.[23] Desafortunadamente, aún no se conoce hasta cuándo duró el “Instituto de negros borriqueros”. Sin embargo, los documentos de la Guardia Municipal nos indican que para mediados del 1850, personas esclavizadas conducían cargamentos de leche a caballo por la ciudad, lo que sugiere que el gremio de “negros borriqueros” fue suprimido o que hacendados y comerciantes transgredían con sus esclavos el privilegio de este gremio sobre el transporte de cargas pesadas.

Ya para mediados del siglo XIX, la cantidad de personas y mercancías cruzando la Bahía de San Juan aumentó considerablemente. Esto impulsó al gobierno local a invertir en el arreglo y creación de nuevos caminos que conectaran la ciudad con su periferia, al igual que la inclusión de un ferry de vapor que cruzara la bahía desde Cataño a San Juan.[24] Una vista rápida de las partes de la Guardia Municipal evidencia los cambios en la relación urbano-rural de San Juan a mediados del siglo XIX, y la manera en que estos cambios afectaron a las personas libres y esclavizadas que bogando por la bahía, a caballo, con mulas o con carretillas conectaban el campo con la ciudad.

Los límites del espacio urbano sanjuanero a mediados del siglo XIX

En su libro Shaping the Discourse on Space, la historiadora Teresita Martínez-Vergne, argumenta que una de las maneras principales en que la ascendente burgesía liberal de San Juan proclamaba su crecimiento fue a través del control del espacio urbano. Durante el siglo XIX, la ciudad de San Juan pasó por su primer crecimiento propiamente urbano-capitalista. Sin embargo, el crecimiento poblacional y económico en la capital, propulsado principalmente por la agricultura de monocultivo con trabajo esclavo, antagonizó con la inclusividad racial con la que había contado la ciudad hasta entonces. Esto llevó a la clase burguesa capitalina a imponer una mayor regulación de la actividad económica urbana, requiriendo licencias para trabajadores y vendedores establecidos o itinerarios de mercancías, comida y otros productos. Las siguientes partes muestran el rol de la Guardia Municipal en controlar y moldear el espacio urbano ante los nuevos imperativos de la clase dominante sanjuanera.

Los primeros ejemplos muestran la regulación de la circulación de leche en la ciudad. El 28 de mayo un hombre llamado Benito, esclavizado por “el Señor de Salabarria” fue arrestado por un guardia y los caballos con los que andaba fueron puestos en el corral de la Guardia. La nota también informa que “ya Marcos López [otro guardia] lo cogió igualmente sin licencia.”[27] Otro, cuyo nombre no se menciona, esclavizado por Don Felipe Dávila, fue arrestado el 18 de junio por el mismo motivo. Este, al igual que Benito, se indica, “ha sido amonestado varias veces por lo mismo”.[28] Finalmente, Eusebio Ortiz, un “peón de D. Antonio Choperena” de Palo Seco, fue sorprendido por cuarta vez vendiendo sin licencia en la Capital por lo cual el guardia que lo detuvo el 27 de febrero botó la leche que llevaba.[29] De estos sucesos se desprende que se habían establecido ciertas restricciones para la venta de leche en la capital y que la Guardia Municipal las hacía valer. Sin embargo, los dueños de hatos, o los comerciantes que le compraban a los hateros, continuaban enviando a sus esclavos y peones a la ciudad a vender sin licencia. Esto ponía a los cargadores en una situación de vulnerabilidad, ya que estaban expuestos a la vigilancia y castigo de los guardias incluso cuando solo seguían órdenes de trabajo. Para las personas esclavizadas la situación debió ser incluso peor, ya que podían ser castigados por sus esclavizadores de no cumplir con las órdenes.

Al comenzar a operar el ferry entre Cataño y San Juan, los sanjuaneros vieron otro medio para recibir mercancías del campo de manera clandestina. Un parte del 10 de noviembre de 1853, describe un suceso relevante acaecido a las 5 de la mañana en el puerto. Diego Sánchez, dueño de una pulpería ubicada en la calle de los cuarteles, le compró 3 pesos de plátanos “a los que benian [sic] del campo” en el vapor de Cataño. “Estando este y otros muchos renglones prohibidos”, anotó el guardia Gregorio Barrera, “mandó se diese el [sic] competente parte”.[30]

Mientras que estos documentos demuestran la manera en que los guardias hacían valer los reglamentos de la ciudad, un documento de 1848 que no forma parte de los documentos de la Guardia Municipal nos provée un ejemplo de la corrupción y abuso de poder de las clases militares. El 26 de enero de 1848, Pedro de Rizzo, de la Diputación de Plaza, le envió un aviso al Alcalde 1o de San , Don Ramón Soler, sobre “las repetidas cuanto lastimosas quejas de los que vienen diariamente a abastecer la plaza con sus frutos”.[31] Estos se quejaban de los robos que sufrían de los vecinos “y especialmente la clase militar de asistentes y rancheros”.[32] De Rizzo menciona que estos robos eran tan frecuentes y difíciles de detener que le informaba al alcalde para que este tomara las medidas que encontrara necesarias. La ciudad se convirtió en un espacio hostil para aquellos que trabajaban como cargadores y carretilleros de bienes, mientras que se mejoraba la infraestructura para la introducción de dichos bienes.

Entre las personas cuyo oficio era la transportación de mercancías, las personas negras, esclavizadas y libres, se encontraban en una posición precaria debido a la desconfianza que recibían de las autoridades y la sociedad racista del San Juan decimonónico. En los documentos de la Guardia Municipal encontramos un ejemplo de esto. El 4 de febrero de 1856, se dio parte de la citación de “una tal Catalina; por tener un baile de bomba en su casa con una reunión de negros no de muy buena conducta, y haber sido habisada en otras ocasiones”.[33] Otro ejemplo de la vigilancia a las personas esclavizadas fueron los constantes reportes de arrestos por presunta o conocida fuga.

La mayoría de los fugitivos llegaban de los pueblos en la periferia de la ciudad: Bayamón, Toa Baja, Cangrejos, Río Piedras, Trujillo Bajo, Trujillo Alto, Loíza y Dorado. En solo dos casos los documentos refieren que los fugitivos se creía que habían llegado desde Guayama y de uno de ellos se dijo que llegó “por estar huido del campo de una Hacienda”, sin especificar el lugar o el nombre de la hacienda o su dueño.[34] Camilo, un hombre esclavizado por Don José Melillo de Río Piedras, fue conducido a la cárcel el 10 de mayo del 1852 por estar fugado.[35] El fugitivo Fermín Machicote, esclavizado por Don Juan Bautista Machicote, hacendado de Loíza, fue arrestado el 2 de julio de 1852.[36] José Dolores Soler fue arrestado el 31 de agosto de 1852, tras escaparse de la hacienda del difunto Don Ramón Soler ubicada en Toa Baja.[37] El 28 de mayo de 1853, un hombre esclavizado por Don José Castellar Hermógenes, vecino de Cangrejos, fue arrestado. El prófugo tenía un permiso, o pasaporte, para salir de Cangrejos, firmado por Castellar Hermógenes, pero solo era válido de Cangrejos a Hato Rey.[38]

Aunque las partes no proveen muchos detalles, podemos inferir que algunas de estas personas llegaron a la ciudad por encargo de sus amos, como los vendedores de leche mencionados anteriormente, y decidieron fugarse. Otros, tal vez, conocían que San Juan era un espacio al que entraban y salían constantemente personas negras libres y esclavizadas y lo tomaron como una buena oportunidad para esconderse a plena vista. En todo caso, la ciudad presentaba fuertes incentivos para aquellos que decidían fugarse, optando por huir hacia este espacio urbano, en vez del campo. El último caso que les presentaré nos da un ejemplo concreto de las oportunidades que podrían estar disponibles para aquellos que optaran por mezclarse entre los sanjuaneros para vivir en libertad.

El 24 de marzo de 1856, José García fue arrestado pues se sospechaba que se había huido de su amo. El guardia municipal que lo arrestó había sido informado de un tal Ramón Martínez, pero al interrogarlo este dijo que su nombre era José García. José dijo que era libre, que había llegado con un caballero, pero luego, según el guardia, cambio el relato y dijo que había llegado solo. El interrogado declaró “que habia cuatro meses que estaba en la Marina trabajando”. “Según declaran dos de sus conocidos”, prosigue el parte, “que viben en esta capital es esclavo del pueblo de Guayama; que ha sido vendido para dicho punto hace poco tiempo del de Humacao, y segun informe de dichos individuos que lo demas del tiempo esta fugado de sus amos”.[39] Claramente, no podemos decir cuál historia es verdadera, pero de ser cierto que era un fugitivo, aprendemos que el trabajo portuario era uno de esos espacios en que los fugitivos se podían mezclar aunque fuera por corto tiempo. Por otra parte, si José García era verdaderamente libre, este relato nos brinda otro ejemplo de la precaria libertad de los trabajadores negros en San Juan.

Últimas reflexiones

El trabajo de la Guardia Municipal, junto con la disciplinarización de la clase trabajadora, la erradicación de la “vagancia”, el control sobre las mujeres trabajadoras y “prostitutas”, o la asignación de Africanos “emancipados” a trabajar al lado de esclavos en haciendas azucareras, fueron algunas de las medidas que la clase dominante sanjuanera utilizó para moldear el espacio urbano a su conveniencia.[40] Estas medidas lograron parcialmente su cometido, transformando a San Juan, después de los 1860s, en una ciudad mayormente masculina y blanca.[41] Las partes compartidas muestran, a primera vista, el proyecto doble de delimitar el espacio urbano y abrirlo/conectarlo a su periferia para el consumo de productos, materia prima y trabajo, profundizando la dependencia urbano-rural y aumentando sus contradicciones.

Para este escrito utilicé primordialmente fuentes del legajo 176, específicamente los documentos de la Guardia Municipal, complementados con otras fuentes primarias que he ido recopilando para mis investigaciones doctorales sobre el transporte y circulación de commodities producidos en la periferia de San Juan durante el siglo XIX. Del análisis preliminar resalté la manera en que la Guardia Municipal hacía cumplir los ordenamientos de la ciudad con respecto al movimiento de mercancías, la situación precaria de los cargadores de dichos productos y la vigilancia de las personas negras y esclavizadas en el espacio urbano. Las partes, sin embargo, abarcan otros temas de gran valor para los historiadores de San Juan y Puerto Rico, como lo son los arrestos por robos, vagancia, juegos al azar, multas por desperdicios arrojados a las calles, y otros temas, principalmente sobre limpieza urbana y reglamentación de la vida de los trabajadores. Los documentos también complementan el fondo Policía de Puerto Rico del AGPR, especialmente para aquellos que estén interesados en los cambios y continuidades de la vigilancia urbana tras la invasión de Estados Unidos en Puerto Rico.[42]


Bibliografia

Hostos, Adolfo de. Historia de San Juan: Ciudad Murada: Ensayo Acerca Del Proceso de La Civilización En La Ciudad Española de San Juan Bautista de Puerto Rico, 1521-1891. San Juan, PR: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1966.

Martínez Vergne, Teresita. Shaping the Discourse on Space: Charity and Its Wards in Nineteenth-Century San Juan, Puerto Rico. 1st ed. Austin: University of Texas Press, 1999.

Matos Rodríguez, Félix V. Women and Urban Change in San Juan, Puerto Rico, 1820-1868. Gainesville: University Press of Florida, 1999.

Negroni, Héctor Andrés. Historia Militar de Puerto Rico. Colección Encuentros. Spain: Sociedad Estatal Quinto Centenario, 1992.

Picó, Fernando. “Esclavos, Cimarrones, Libertos Y Negros Libres En Rio Piedras, 1774-1873.” Anuario de Estudios Americanos. 43 (1986): 25–33.

Pizzini, Manuel Valdés. Memorias de la costa: ensayos de etnografía, historia e imaginación antropológica. Primera edición. Ponce, Puerto Rico: Casa Paoli del Centro de Investigaciones Folklóricas de Puerto Rico, 2025.

Stahl, Agustín. Fundación de Bayamón: Mayo 22 de 1772 / por el Dr. Agustín Stahl. San Juan [P.R.]: El Boletín Mercantil, 1910. http://archive.org/details/fundacion_de_bayamon00sanj.

Zeno Vázquez, Francisco M. Historia de La Capital de Puerto Rico. Vol. 1. San Juan, P.R.: Gobierno de la Capital, 1959.


Notas:

[1] Adolfo de Hostos, Historia de San Juan: Ciudad Murada: Ensayo Acerca Del Proceso de La Civilización En La Ciudad Española de San Juan Bautista de Puerto Rico, 1521-1891 (San Juan, PR: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1966), 146.

[2] Hostos, Historia de San Juan, 147; Héctor Andrés Negroni, Historia Militar de Puerto Rico, Colección Encuentros (Spain: Sociedad Estatal Quinto Centenario, 1992), 117.

[3] Negroni, Historia Militar de Puerto Rico, 117.

[4] Hostos, Historia de San Juan, 147; Negroni, Historia Militar de Puerto Rico, 118.

[5] Diario Liberal y de Variedades de Puerto Rico, 26 de febrero de 1822, Biblioteca y Hemeroteca Puertorriqueña de la Universidad de Puerto Rico (BHP-UPR).

[6] Hostos, Historia de San Juan, 148.

[7] Hostos, Historia de San Juan, 148; Francisco M. Zeno Vázquez, Historia de La Capital de Puerto Rico, Tomo 1 (San Juan, P.R.: Gobierno de la Capital, 1959), 385.

[8] Negroni, Historia Militar de Puerto Rico, 120.

[9] Gaceta de Puerto Rico, 12 de octubre de 1869, BHP-UPR.

[10] Gaceta de Puerto Rico, 15 de junio de 1871, BHP-UPR.

[11] Gaceta de Puerto Rico, 12 de julio de 1873, BHP-UPR.

[12] Hostos, Historia de San Juan, 26.

[13] Fernando Picó, “Esclavos, Cimarrones, Libertos Y Negros Libres En Rio Piedras, 1774-1873”, Anuario de Estudios Americanos 43 (1986): 25; Manuel Valdés Pizzini, Memorias de la costa: ensayos de etnografía, historia e imaginación antropológica, (Ponce, Puerto Rico: Casa Paoli del Centro de Investigaciones Folklóricas de Puerto Rico, 2025), 106.

[14] Picó, “Esclavos, Cimarrones, Libertos Y Negros Libres En Rio Piedras, 1774-1873”, 25.

[15] Picó, 25.

[16] Pizzini, Memorias de la costa, 117; “Certificación = Don Antonio de Vega, secretario de la diputación provincial,… certifico que el producto de arrendamientos que anualmente percibe el Muy Ilustre Ayuntamiento de esta Ciudad…”, 7 de septiembre de 1813, ULTRAMAR 424, Exp. 44, AGI.

[17] Agustín Stahl, Fundación de Bayamón : Mayo 22 de 1772 / por el Dr. Agustín Stahl. (San Juan [P.R.]: El Boletín Mercantil., 1910), 20, http://archive.org/details/fundacion_de_bayamon00sanj.

[18] “Expediente seguido en aquella diputación [de Puerto Rico], con motivo de solicitar algunos ayuntamientos se les conseda para atender a sus gastos indispensables, el producto de los pasages de los ríos que atraviesan sus distritos”, 31 de mayo de 1821, ULTRAMAR, 424, Exp. 44, AGI.

[19] “Expediente seguido en aquella diputación [de Puerto Rico]”, 31 de mayo de 1821 ULTRAMAR, 424, Exp. 44, AGI.

[20] “Expediente de la competencia promovida por la Comandancia de Marina sobre corresponderle los pasages y corrales de pezca que disfruta el Ayuntamiento”, 25 de agosto de 1831, ULTRAMAR, 415, Exp. 2, AGI; Pizzini, Memorias de la costa, 107.

[21] “Expediente seguido en aquella diputación [de Puerto Rico]”, 31 de mayo de 1821, ULTRAMAR, 424, Expediente 44, AGI.

[22] Extracto de las actas capitulares del ayuntamiento de San Juan citado en Zeno Vázquez, Historia de La Capital de Puerto Rico, 1:450.

[23] Zeno Vázquez, Historia de la Capital de Puerto Rico, 1:451.

[24] “El Excmo. Sr. Capitan jeneral Don Juan de la Pezuela, …, se sirvió acordar en 8 del corriente la supresion de los pasajes de Palo-seco y Pueblo-viejo, para que pueda establecerse un BARCO DE VAPOR que facilite el tránsito entre esta Capital y la costa de Cataño”, Gaceta de Puerto Rico, 25 de enero de 1849, BHP-UPR. Hostos, Historia de San Juan, 134.

[25] Teresita Martínez Vergne, Shaping the Discourse on Space: Charity and Its Wards in Nineteenth-Century San Juan, Puerto Rico, (Austin: University of Texas Press, 1999), 18.

[26] Martínez Vergne, Shaping the Discourse on Space, 20–21.

[27] “Guardia Municipal. El Comandante de dicho cuerpo da parte”, 28 de mayo de 1852, Fondo Municipal de San Juan, Expedientes de Servicio, Policía, Legajo 176, Archivo General de Puerto Rico. (De aquí en adelante FMSJ, ESP, AGPR)

[28] “GM. El Comandante de dicho cuerpo da parte”, 18 de junio de 1852, FMSJ, ESP, Legajo 176, AGPR.

[29] “GM. El 2o Comandante da parte”, 27 de febrero de 1852, FMSJ, ESP, Legajo 176, AGPR.

[30] “GM. El Cabo de la espresada da parte”, 10 de noviembre de 1853, FMSJ, ESP, Legajo 176, AGPR.

[31] “Las repetidas cuanto lastimosas quejas de los que vienen diariamente a abastecer la Plaza con sus frutos”, 26 de enero de 1848, FMSJ, ESP, Legajo 176, AGPR.

[32] “Las repetidas cuanto lastimosas quejas”, 26 de enero de 1848, FMSJ, ESP, Legajo 176, AGPR.

[33] “GM. El Cabo de dicha da parte”, 4 de febrero de 1856, FMSJ, ESP, Legajo 176, AGPR.

[34] “GM. El Segundo Comandante de dicha da parte”, 29 de marzo de 1853, FMSJ ESP , Legajo 176, AGPR.

[35] “GM. A su Comandante da parte el cabo”, 11 de mayo de 1852, FMSJ, ESP, Legajo 176, AGPR.

[36] “GM. A su Segundo Comandante da parte”, 2 de julio de 1852, FMSJ, ESP, Legajo 176, AGPR.

[37] “GM. El Segundo Comandante de dicha da parte”, 31 de agosto de 1852, FMSJ, ESP, Legajo 176, AGPR.

[38] “GM. El Segundo Comandante de dicho cuerpo da parte”, 28 de mayo de 1852, FMSJ, ESP, Legajo 176, AGPR.

[39] “GM. El Comandante de dicho da parte”, 24 de marzo de 1856, FMSJ, ESP, Legajo 176, AGPR.

[40] Martínez Vergne, Shaping the Discourse on Space, 156–58.

[41] Félix V. Matos Rodríguez, Women and Urban Change in San Juan, Puerto Rico, 1820-1868 (Gainesville: University Press of Florida, 1999), 38–39.

[42] https://www.coleccionesicp.pr.gov/colecciones-del-archivo/policia-de-puerto-rico