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Sergio Garcia Arroyo

Rutgers/PRAC Intern, Archivo de Arquitectura y Construcción de la Universidad de Puerto Rico

Estudiante de Maestria, Escuela de Arquitectura, UPR


Esta investigación examina el auge y la caída de la Corporación de Refinación de Petróleo del Caribe (CORCO) y su impacto en el desarrollo industrial de Puerto Rico. Aunque el trabajo recurre a diversas fuentes, el análisis se desarrolló empleando los documentos de la Colección ABARCA[1], custodiada y en proceso de organización y catalogación por el Archivo de Arquitectura y Construcción de la Escuela de Arquitectura, Universidad de Puerto Rico (AACUPR). Los documentos de ésta permiten reconstruir con precisión un momento crítico de la historia industrial de la isla. Con este ensayo, además, se destaca la importancia de este archivo no solo para estudiar la arquitectura, sino para investigar sobre las transformaciones industriales de la Isla.

Entre los hallazgos más reveladores en el acervo destaca la correspondencia sostenida entre Rafael Pumarada, vicepresidente de G.P.G. de Puerto Rico, Inc. (y exvicepresidente de maquinarias en ABARCA), y Sergio Cosso, gerente de operaciones latinoamericanas en Terry Corporation. Desde febrero de 1983 hasta abril de 1984, Pumarada mantuvo a Cosso al tanto de cada giro en las negociaciones y escándalos vinculados a la venta de CORCO. Estos documentos demuestran la profunda implicación de Abarca en los procesos de modernización e industrialización del país, trascendiendo su función técnica para convertirse en testigo y actor clave de las transformaciones.

La consulta de estos materiales, complementadas con fuentes del archivo digital del periódico El Mundo, permite establecer una cronología más precisa y matizada de los eventos. Al conectar la información que se despliega de estos documentos inéditos con análisis históricos previos, intento ofrecer una perspectiva sobre los factores económicos, políticos y sociales que condujeron al desmantelamiento del gigante petroquímico. En última instancia, nos permite repensar el modelo industrial petroquímico puertorriqueño y evaluar críticamente los límites económicos del ELA.


Fundación de la CORCO: la industria que transformó a Puerto Rico

En su primera edición, la revista Corco Habla[2] proclamó a la Commonwealth Oil Refining Company (CORCO) como, “the largest single industrial enterprise in Puerto Rico”. Publicada periódicamente, esta revista ofrecía una visión de las operaciones de la empresa e intentaba humanizar el gigantesco complejo petrolero que ocupaba una milla y media de la costa de Peñuelas. Su ambición y presencia en el paisaje se refleja en sus planes de expansión de 1965 que exigió preparar y exhibir un modelo a escala exacta de 35 pies de largo, 13 de ancho y 7 de alto, reflejando su

La industria petroquímica en Puerto Rico comenzó con la fundación de dos refinerías de petróleo. La primera, Caribbean Gulf Refining Corporation, abrió en 1955 cerca de la bahía de San Juan. La segunda, CORCO, inició operaciones entre finales de 1955 y principios de 1956 en el sur, cerca de la bahía de Guayanilla. Estas refinerías, abastecidas con petróleo venezolano, fueron establecidas antes de la implementación del Mandatory U.S. Oil Import Program de 1959, lo que permitió su desarrollo inicial con mayor autonomía.[3]

La presencia de CORCO impulsó la llegada de otras industrias. En 1959, Union Carbide Caribe, inauguró la primera planta petroquímica en Puerto Rico para la producción de etileno, que luego se convertiría en etilenglicol, un compuesto con amplio mercado global. Para 1965, Union Carbide ya había expandido sus operaciones con una planta de alcoholes intermedios.[4] Paralelamente, en Buchanan, Cataño, se establecieron dos industrias vinculadas a la Royal Dutch Petroleum Co.: The Placco Co. of P.R. (1956) y Felco P.R., Inc. (1960).[5]

Aunque el desarrollo inicial pareció lento, la existencia de las refinerías fue crucial. Su producción permitió la creación de un modelo de core industries,[6] en el cual las industrias se establecían alrededor de un eje central de producción. Este eslabonamiento progresivo consolidó el área de Guayanilla como el pivote principal de la industria petroquímica en Puerto Rico, donde CORCO no solo refinaba petróleo, sino que servía como el epicentro de una red de industrias interconectadas.

La telaraña de las petroquímicas: un desarrollo condicionado

La instalación de las refinerías Caribbean Gulf Refining Corporation en San Juan y CORCO en Peñuelas durante la década de 1950, no sólo buscó procesar petróleo venezolano para el mercado estadounidense, sino que también reconfiguró el paisaje industrial de Puerto Rico. Estas refinerías fueron piezas clave dentro de un modelo de desarrollo estatal que impulsó un encadenamiento industrial basado en la disponibilidad de insumos derivados del petróleo.[7]

Sin embargo, con la imposición del Mandatory U.S. Oil Import Program en 1959, la expansión industrial se enfrentó con la intervención del gobierno federal, ya que cualquier crecimiento futuro dependía de la asignación de nuevas cuotas de importación de petróleo. Este factor condicionó su crecimiento y expuso su fragilidad frente a decisiones externas. Estas cuotas fueron puestas en lugar para limitar la importación foránea y reducir la dependencia de recursos extranjeros. Esto se debe a numerosos factores (como “seguridad nacional”, entre otros), pero todas estas cuotas llevaron a que el precio del petróleo en los Estados Unidos tuviese un costo más alto que en el resto del mundo.

El concepto de core industries cobró protagonismo en el desarrollo económico de Puerto Rico, al destacar el papel de ciertas fábricas como nodos estructuradores de un tejido industrial más amplio. Sin embargo, esta interdependencia también acentuó la vulnerabilidad del sector: aunque la especialización productiva fortaleció la inserción de Puerto Rico en el mercado global, también evidenció las tensiones entre la dependencia de insumos externos y la aspiración a una mayor autonomía industrial. Un fenómeno similar se observó décadas antes con la industria azucarera, que intentó establecer eslabonamientos con talleres manufactureros en la capital para suplir piezas y servicios . En teoría, este tipo de conexiones —eslabonamientos hacia atrás[9]— podían fortalecer el ecosistema industrial local. Pero en la práctica, la industria continuó dependiendo de maquinaria, repuestos y conocimiento técnico importado. Así, tanto en el caso azucarero como en el de las core industries, quedó en evidencia que, sin un eslabonamiento robusto dentro de la economía local, la autonomía industrial era ilusoria.

Por otro lado, el efecto que tiene esta telaraña de industrias en el tejido urbano y sobre el paisaje es de escalas insostenibles en una isla de modesta extensión. En una columna de 1980, en el periódico El Mundo, Ramón Bauzá, discutía la pérdida de ciertos valores tradicionales que en aquel entonces únicamente habitaban y permanecían en pueblos más pequeños, en su caso dice:

Aquel “Manual de Urbanidad vs. Buenas Maneras” escrito por Manuel Antonio Carreño no faltaba en ningún hogar de Puerto Rico…

Ya no se cede la parte de adentro de las aceras a las damas, aunque usted tenga que pisar la calle. La galantería ya no existe…

Ese respeto, esa reverencia muda, todavía existe en los pueblos pequeños que, como todos sabemos, guardan las tradiciones y la cortesía con mucha más fuerza que los pueblos grandes.

Yo soy de Peñuelas, que era pequeño, cortés y respetuoso, pero llego “la CORCO” y el progreso y lo hizo grande. Ya no es igual.[10]

Estas palabras son un eco de la huella silenciosa que deja la industrialización en ciertos sectores o pueblos de la isla. La columna completa habla de la pérdida de ciertos valores, cosas cotidianas, para nada hablando de la industria petroquímica literalmente. Es solo a modo de conclusión que se presenta la causa, llega el progreso, llegan las industrias y corroen el entorno urbano en nombre del progreso económico inducido en pueblos alrededor de la isla.

Una isla en cambio (1966): promesas de progreso y dependencia estructural

En la edición de febrero de 1966 de CORCO Habla,[11] el panorama económico de Puerto Rico se presentaba como testimonio de transformación industrial. En la revista se presentaban las principales industrias del país, desde la manufactura de cuero hasta la metalurgia, además de la creciente infraestructura de residenciales públicos, condominios y supermercados modernos como los creados por la cadena Pueblo. La publicación orquestaba un recorrido de Puerto Rico como una sociedad industrial en ascenso dirigido a inversionistas estadounidenses. No obstante, en medio de esta narrativa de modernización, surgía una interrogante clave. ¿Representaba Puerto Rico, sin petróleo ni grandes mercados químicos propios, un inequívoco futuro de desarrollo petroquímico?

La pregunta no era trivial. Si bien se intentaba vender la idea de un país en auge, la dependencia de inversión extranjera y la falta de recursos naturales estratégicos eran realidades ineludibles. Se trataba de un modelo que buscaba atraer capital externo con la promesa de estabilidad y rentabilidad, pero sin una base sólida de autosuficiencia energética.

Un espectáculo para los inversionistas

Como parte del esfuerzo para atraer capital extranjero, los inversionistas fueron llevados a recorrer la isla y presenciar su “progreso”. Se les presentó la infraestructura urbana y se les ofreció una muestra de la herencia cultural en lugares como El Convento, un guiño estratégico para vender la isla como un destino atractivo no solo para la industria, sino también para el turismo de élite. Este ejercicio de relaciones públicas tenía un doble propósito: convencer a los inversionistas de que Puerto Rico era un lugar seguro y fértil para sus negocios, y reforzar la idea de que la inversión privada era la única vía para el desarrollo de la isla.[12]

El recorrido culminó en las instalaciones de CORCO, donde se enfatizó el papel de la petroquímica en la lucha contra el desempleo. Rafael Durand, administrador de Fomento, declaró:

Uno de nuestros objetivos inmediatos es abolir el concepto mismo del desempleo. Otro de nuestros objetivos inmediatos es elevar el nivel de vida de nuestra población hasta el punto en que todas nuestras familias tengan un ingreso de por lo menos $2,000.[13]

Este optimismo contrastaba con la realidad de una economía que se sostenía sobre exenciones fiscales y una mano de obra barata en comparación con el “mainland”.

El paraíso de los incentivos fiscales

El punto culminante de la promoción ocurrió en el Hotel Sheraton, donde se llevó a cabo un seminario con industriales y representantes de la Corporación de Fomento Económico. Allí se enfatizaron las ventajas económicas de operar en Puerto Rico:

  • Exenciones contributivas de 10 a 17 años en impuestos corporativos y de propiedad.
  • Acceso irrestricto al mercado estadounidense, sin barreras arancelarias ni restricciones cambiarias.
  • Régimen fiscal especial, permitiendo que las ganancias fueran consideradas ingresos extranjeros, evitando así ciertas obligaciones fiscales en EE. UU.
  • Estabilidad legal y monetaria, con el dólar como moneda oficial y un marco jurídico alineado con el sistema estadounidense.

El discurso de Fomento celebraba el crecimiento del ingreso per cápita de $279 a $900 entre 1940 y 1950, el aumento en la cantidad de fábricas de 82 a 1,200 y la conversión de Puerto Rico en el quinto mayor mercado para productos de EE. UU.[14] Sin embargo, este modelo económico tenía sus sombras. Se evitó en el encuentro mencionar la dependencia económica, la fuga de capitales y los efectos a largo plazo de sostener el desarrollo a base de exenciones fiscales.

La trampa del desarrollo externo (dependiente de capital foráneo)

Este evento reflejaba el espíritu del modelo de industrialización por invitación, basado en atraer capital foráneo a cambio de privilegios fiscales y regulaciones favorables. La presencia del exgobernador Luis Muñoz Marín en las festividades que se celebraron en el Fortín San Jerónimo reforzaba la continuidad de esta visión, en la que la inversión extranjera era vista como la salvación económica.[15]

Sin embargo, los editores de la CORCO Habla no podían prever lo que traería la siguiente década. La crisis del petróleo de los años ’70, pondría en jaque a la industria petroquímica, evidenciando la fragilidad del modelo basado en importaciones de crudo y refinación para los mercados externos. Lo que en 1966 se celebraba como un futuro prometedor, en pocos años demostraría ser vulnerable a las dinámicas globales y a las decisiones políticas de Washington.

Puerto Rico estaba en cambio, sí, pero el verdadero cambio no sería el de una transformación hacia la autosuficiencia, sino el de una economía cada vez más atada a factores externos, en la que el “progreso” se sostenía sobre beneficios que, en última instancia, favorecían a los inversionistas extranjeros antes que a la población trabajadora local.

La crisis del petróleo de 1973 y su impacto en CORCO

En 1973, la crisis del petróleo, provocada por la restricción en el suministro petrolero orquestada por los países árabes pertenecientes a la OPEP tras la guerra de Yom Kipur, golpeó duramente a la economía global, incluyendo la de Puerto Rico. La isla, ya dependiente de inversiones extranjeras para su industria petroquímica, vio cómo esta crisis profundizaba sus vulnerabilidades. CORCO, la mayor refinería del país, sufrió especialmente debido a su dependencia del crudo importado. Aunque compañías como Puerto Rico Sun Oil Company continuaron importando grandes volúmenes de petróleo, la isla carecía de producción interna, lo que la hacía aún más susceptible a la volatilidad del mercado global.

El impacto en el empleo fue inmediato: en 1974, la industria petroquímica tenía 7,700 trabajadores, pero para 1975 la cifra cayó a 4,800, una reducción del 37.66%. Según Félix Córdova Iturregui, CORCO fue la más afectada entre las 22 refinerías en operación en Puerto Rico, alterando la trayectoria del desarrollo industrial de la isla y poniendo en jaque su estabilidad.

Tensiones internacionales y desigualdad en la industria petroquímica

Más allá de la crisis del petróleo, las tensiones internacionales, como la Revolución Cubana y el conflicto árabe-israelí, reforzaron la dependencia de Puerto Rico de las políticas económicas de Estados Unidos. Sin embargo, los beneficios fiscales y las exenciones no se distribuyeron equitativamente: Puerto Rico Sun Oil Company recibió cuotas más altas de importación, mientras que CORCO enfrentó restricciones que obstaculizaron su operación. Esta desigualdad, sumada a la inestabilidad del mercado global del petróleo, dejó en evidencia la fragilidad del modelo económico de la isla, que dependía casi exclusivamente de la inversión extranjera y de incentivos fiscales para sostener su industria petroquímica.

Crisis energética y acusaciones contra CORCO

En febrero de 1980, el gobierno anunció un aumento en el precio del gas licuado, fijándolo en $29 por cilindro de 100 libras en zonas urbanas y $31 en zonas rurales.[16] La Asociación de Distribuidores de Gas Licuado de Petróleo de Puerto Rico denunció este aumento como “desmedido, abusivo e injustificado”, señalando directamente a la CORCO como responsable. Argumentaron que la escasez de gas se debía a fallas mecánicas en la refinería, que en ese momento era la mayor productora de gas licuado en la isla. Este aumento afectó no solo a la industria, sino a 400,000 familias puertorriqueñas.

Rumores de cierre y declaración de quiebra

Para marzo de 1980, surgieron rumores sobre el cierre inminente de CORCO. Su vicepresidente de relaciones gubernamentales, Jim Kolman, intentó sofocar las especulaciones afirmando que no había base para esos rumores.[17] Sin embargo, ese mismo mes, CORCO se acogió al Capítulo 11 de la Ley de Quiebras, confirmando la gravedad de su crisis financiera.[18]

Ofertas de compra: The Charter Company vs. Arabian Seaoil

En mayo, dos compañías mostraron interés en rescatar a CORCO del proceso de quiebra:[19]

  1. The Charter Company ofreció comprar CORCO mediante acciones a 80 centavos por acción.
  2. Arabian Seaoil propuso un rango entre $1.50 y $4.00 por acción, una oferta considerablemente más atractiva.

La propuesta de adquisición presentada por Charter Company planteaba una reestructuración compleja del capital de la CORCO, centrada en un intercambio de acciones que buscaba integrar a la petroquimica dentro de una estructura corporativa más amplia mediante la emisión de acciones preferidas convertibles Serie K. Estas acciones ofrecen un dividendo fijo y la posibilidad de conversión en acciones comunes de Charter, lo que otorgaba  a los accionistas de la CORCO un incentivo a largo plazo, aunque con una participación limitada en la empresa matriz. Además, la oferta contemplaba diferentes beneficios para los distintos grupos de inversionistas: los tenedores de acciones preferidas recibirían nuevas acciones preferidas de Charter y pagos en efectivo por dividendos no pagados; mientras que los acreedores con pagarés subordinados recibirían una combinación de efectivo y nuevos instrumentos de deuda a 20 años. La estrategia de Charter buscaba absorber a la CORCO minimizando el gasto en efectivo, fortaleciendo su portafolio mediante una estructura de deuda controlada y acciones convertibles, lo que refleja una apuesta financiera más conservadora pero ambiciosa a largo plazo.

La propuesta revisada de Arabian Seaoil representó un cambio significativo en los términos de su inversión en CORCO, al ofrecer una mejora sustancial en el precio por acción (de $1.50 a $4.00) y eliminar el compromiso de suministro de petróleo, lo que podría interpretarse como una estrategia para aumentar la flexibilidad comercial de ambas partes. Además, la oferta incluyó incentivos financieros robustos, como una opción a largo plazo para adquirir acciones adicionales a precio fijo y la gestión de un préstamo garantizado de $50 millones, así como el acceso a líneas de crédito de hasta $180 millones. Estos términos perseguían fortalecer la posición financiera la CORCO, facilitando su capacidad operativa para adquirir crudo, mientras que la nueva estructura de votación —con 14 votos por acción por ocho años— indica un intento de Arabian Seaoil por asegurar influencia significativa en las decisiones corporativas durante un periodo clave.

Ambas ofertas apuntaban a adquirir o asegurar un control significativo sobre CORCO, pero difieren en su enfoque financiero y estratégico. Arabian Seaoil apuesta por una inversión directa de capital, líneas de crédito operativas y una estructura de votación privilegiada que le garantizaría un rol protagónico en la toma de decisiones, reflejando una intención de involucramiento operativo y control sostenido. En contraste, Charter opta por una reestructuración accionaria más tradicional, priorizando la conversión de deuda y acciones mediante instrumentos financieros preferidos y convertibles, lo que sugiere una integración más corporativa que operativa. Mientras Arabian Seaoil ofrece liquidez y apoyo inmediato a las operaciones (especialmente en la compra de crudo), Charter se centra en ofrecer estabilidad financiera a largo plazo a través de instrumentos de deuda y dividendos. En términos de impacto inmediato, la propuesta de Arabian Seaoil podría ser más atractiva para CORCO por su enfoque en reforzar la liquidez operativa, pero la de Charter podría resultar más sólida en cuanto a estructura y sostenibilidad institucional a futuro.

A pesar de esto, desde el inicio se dudaba de la solidez de la propuesta de Arabian Seaoil, lo que permitió que Charter Company tomara la delantera en las negociaciones. Finalmente, a finales de mayo, se confirmó que Charter adquiriría la refinería: “Confiamos en que el acuerdo de adquisición anunciado pueda dar la estabilidad financiera que CORCO necesita tanto como Puerto Rico.” [20]

El retiro de la oferta The Charter Company y el último intento de rescate

Un mes después de anunciar su compra, The Charter Company se retractó, citando las pérdidas de 16 millones de dólares que CORCO había registrado en su primer semestre de 1980. Esto dejó a Arabian Seaoil como el único postor, que en agosto reafirmó su interés en adquirir la refinería.

CORCO justificó sus pérdidas alegando su incapacidad para competir en el mercado abierto, la caída en los precios del petróleo y los altos costos de mantenimiento. Sin embargo, al finalizar el año, la refinería reportó una pérdida total de 22.7 millones de dólares, lo que terminó de sellar su destino.

Informe al Gobernador de 1982-1983: El declive inevitable de CORCO

El informe económico dirigido al gobernador Carlos Romero Barceló destacaba un aparente proceso de recuperación impulsado por el sector manufacturero. Sin embargo, los datos mostraban otra realidad para el panorama industrial de la isla. Entre 1981 y 1983, la inversión en maquinaria industrial cayó drásticamente. En 1981, la inversión en el sector privado fue de 48.2 millones de dólares, pero para 1982-1983 se registró un déficit absoluto de -17.4 millones, comparado con los -4.3 millones del año anterior. Esto evidenciaba una clara falta de inversión en el sector, incluyendo en la CORCO, cuya situación se deterioraba aún más por problemas mecánicos y falta de mantenimiento. No obstante, el verdadero golpe a la refinería no fue solo su deterioro técnico, sino el mercado del petróleo, que mantenía a CORCO en una crisis permanente.[21]

Impacto económico y la crisis en Ponce

Un informe realizado por funcionarios de CORCO, publicado en El Mundo, advertía que su cierre total representaría una pérdida de 93 millones de dólares para la isla. A nivel local, Ponce sería el municipio más afectado, ya que el 60% de los trabajadores de la refinería residían allí.

En 1984, El Mundo publicó un reportaje sobre la crisis financiera de CORCO, revelando que la empresa había perdido 12.5 millones de dólares en 1983 y que se esperaban pérdidas adicionales. Para entonces, la refinería ya no podía sostenerse por sí sola, sin importar los intentos de reducción de costos. Ante esta situación, la dirección de CORCO reconoció que, si la venta de la empresa no se concretaba, la única alternativa sería declararse en quiebra.[22]

La contienda por CORCO: Vyas, Apex Oil y Sun Oil

La primera disputa por la compra de CORCO fue entre Mohan S. Vyas y Apex Oil Co. Vyas, un inversionista hindú de 42 años, tenía una carrera destacada en la industria petrolera, especialmente en Nigeria, Europa y Medio Oriente, además de ser presidente de Nikky Refining Corp. y Piramo Oil Extraction de Puerto Rico. Aunque las afirmaciones sobre su carrera no fueron completamente verificadas, su interés en CORCO era evidente. Ofreció inicialmente 25 millones de dólares por la refinería, superando por 3 millones la oferta de Apex Oil. Además, para mostrar su seriedad, Vyas ofreció un depósito adicional de 5 millones, lo que elevó su propuesta total a 30 millones (equivalentes a 91 millones en la actualidad).[23]

En comparación, Apex Oil presentó una oferta de 22 millones, con una fecha de expiración programada para abril de ese mismo año. Cabe destacar que, a pesar de la gran inversión inicial de CORCO, que alcanzó los 320 millones de dólares, su valor en venta era mucho más bajo, apenas 18 millones en ese momento. Este interés inicial de Vyas y Apex Oil muestra el contexto de una negociación en medio de una crisis económica y de inestabilidad en el mercado petrolero.

Apex Oil: El gigante misterioso del Medio Oeste de EE. UU.

En un artículo de Caribbean Business publicado el 19 de enero de 1983, se centraron en la figura de Apex Oil, describiéndola con citas de la prensa estadounidense:

“Forbes magazine calls Apex Oil ‘an industry maverick.’ National Petroleum News refers to it as ‘the mysterious giant from the Midwest.’ One thing is for sure though: Apex is a tough company that is charting its future with plenty of savvy and cool calculation.”[24]

El artículo presentaba a Apex Oil y sus dueños como empresarios implacables, hábiles en cerrar negocios asegurándose de maximizar sus beneficios. Fundada en la década de 1930, Apex experimentó un crecimiento significativo en los años ’70. Para 1980, sus ingresos habían alcanzado seis mil millones de dólares (equivalentes a 18 mil millones en la actualidad). En aquel entonces, acababan de adquirir Clark Oil & Refining, una refinería y corredora de gasolina independiente de considerable tamaño.[25]

Apex manifestó a Caribbean Business que lo más atractivo de CORCO era su precio, ya que planeaban modernizar sus instalaciones. Además, aseguraron que su reputación en el comercio industrial les permitiría comprar petróleo de Venezuela a un costo significativamente menor que el crudo del Medio Oriente. Esto se facilitaba gracias a su flota de 25 buques y 38 barcazas. Sin embargo, había un aspecto aún más atractivo para Apex que el precio o la modernización de la refinería: convertir a CORCO en un centro de procesamiento caribeño libre de aranceles. Esta posibilidad les permitiría triplicar su inversión inicial en la isla.[26]

A pesar de su discreta presencia pública, existían registros de que Apex había logrado superar la oferta de Hideca Co. de Venezuela por un contrato para suplir combustible a la Autoridad de Energía Eléctrica (PREPA por sus siglas en inglés) – algo que la misma CORCO había estado haciendo en años previos.[27]

 El fracaso del negocio con Apex y la entrada de Sun Oil

Apenas un mes después del artículo de Caribbean Business, el 19 de febrero de 1983, las negociaciones entre Apex Oil y CORCO colapsaron. Aunque se indicó que ambas partes no lograron acordar ciertos términos dentro del plazo estipulado, la incertidumbre en torno al fracaso del trato aumentó cuando se supo que CORCO había mostrado apertura a extender dicho plazo. Esta disposición sugiere que aún existía margen para continuar las conversaciones, lo que hace más desconcertante la decisión de Apex Oil de retirarse abruptamente. ¿Qué factores internos o externos pudieron influir en esta retirada repentina? ¿Fue una evaluación estratégica sobre la viabilidad del proyecto o una señal de desconfianza en el entorno regulatorio o económico? La anulación del trámite, en ese contexto, dejó más preguntas que respuestas.

En este punto, apareció un tercer jugador en la contienda: Sun Oil, una compañía petrolera de Filadelfia que ya operaba una refinería en Yabucoa y suministraba la mitad del combustible de la Autoridad de Energía Eléctrica de Puerto Rico (PREPA). Sun Oil presentó una oferta de 54 millones de dólares, la cual incluía:

  • 22 millones por las instalaciones de CORCO,
  • Asumir una lista de obligaciones exigidas a la CORCO que Apex había rechazado.

Para ese momento, CORCO contaba con meramente 90 empleados, una drástica reducción de los 1,700 que alguna vez tuvo. Además, sus costos de mantenimiento casi igualaban las pocas ganancias que lograba generar.[28]

El destino de CORCO pendía de un hilo, y la entrada de Sun Oil marcó un giro decisivo en la historia de la refinería. Tan solo unos 4 días después de la noticia de la oferta de Sun Oil, se reportó que ya se registraban reuniones entre la compañía y el gobierno de Puerto Rico en la sede de Fomento Económico. La compañía buscaba finalizar la compra lo antes posible para poder extender su catálogo de productos y maximizar el uso de las facilidades de la CORCO. Sun Oil, que ya tenía experiencia en optimización de operaciones, menciona que su planta en Yabucoa operaba con un 30% mayor de eficiencia que la prevista en su diseño original.  Hasta este momento su catálogo de producción, ya amplio, contaba con materias primas de petróleo y gasolina y destilados, como combustible para aviones, diésel marino y gasóleo. También producía combustible residual. [29]

En una carta de Rafael Pumarada a Sergio Cosso, el primero hace la siguiente observación:

Dear Sergio:

Further to our previous letters on the above subject, we are pleased to enclose clipping from San Juan Star of 25 February 1983, regarding the purchase of CORCO by Sun Oil Company.

You will note that Sun Oil is more interested in the terminal facilities at CORCO than in the refinery itself.

We continue hoping that this sale will eventually go thru, and that Sun Oil will operate the CORCO refinery in addition to the terminal facilities. [30]

El reportaje al que se hace referencia en esta carta detalla que las facilidades de la CORCO pudiesen mejorar las facilidades de Sun Oil en Yabucoa. Incluso, cuando se le preguntó al presidente de la rama de Sun Oil local, Jim Moneymaker, este fue ambiguo con su respuesta a la interrogante de poner a la gigante del sur a trabajar:

On the possibility of starting up the refinery, Moneymaker commented, “I don’t want to say we would, but I don’t want to say we won’t. Right now, there’s an excess of refining capacity in the world and refineries are operating at about 70 percent capacity. So starting up a refinery is not particularly attractive.”

The firm said Moneymaker, would like to do “exactly what we’re doing now, but more effectively and efficiently.” [31]

El 16 de abril del 1983, el San Juan Star anunció que se había finalizado la venta de la CORCO. Sin embargo, en un giro inesperado, la terminó adquiriendo una subsidiaria de Apex Oil, Clark Caribbean, Inc. El anuncio fue revelado por oficiales de ambas firmas y el Administrador de Fomento, José R. Madera. La Apex Oil había igualado la oferta de Sun Oil a último momento y para endulzar un poco la oferta, mencionaron unas concesiones adicionales que fueron las responsables por cerrar la compra al final. Las concesiones mencionadas incluían pagos para cubrir las deudas que CORCO tenía con el gobierno, principalmente una derivada de un impuesto de $2.00 por barril. Con el tiempo, esta obligación había crecido hasta alcanzar los $70 millones. Sin embargo, Apex solo tuvo que pagar $35 millones, ya que los otros $35 millones correspondían a deudas acumuladas tras la reorganización de la quiebra de la CORCO.

Quedaban dos asuntos menores por resolver antes de finalizar la negociación. El más relevante era la reclamación de CORCO sobre un pago en exceso de entre $100,000 y $200,000 al State Insurance Fund. Sin embargo, según Madera, estos detalles no impedirían la conclusión del acuerdo. El CEO de la CORCO en ese momento, Donald D. Mcquaing, dijo que la venta representaba: “A unique opportunity to restart the refinery facilities, and provide additional employment in the depressed Peñuelas Area”.[32]

Se esperaba que las condiciones pendientes se resolvieran antes del 15 de junio, momento en el cual comenzaría la preparación de una de las unidades de craqueo[33] para su operación. Madera explicó que la decisión de Clark de utilizar sólo una de las dos columnas de refinación de CORCO reduciría significativamente los costos operativos, lo que podría ser clave para lograr rentabilidad. Se estimaba que esta unidad procesaría entre 50,000 y 60,000 barriles diarios.[34]

El administrador de Fomento destacó que la nueva corporación recibiría un nuevo contrato de exención contributiva, vigente desde el día en que la refinería retomara sus operaciones. Los términos se establecerían según la escala gradual del Industrial Incentives Act, comenzando con una exención del 90%, que disminuiría progresivamente a lo largo de 10 años.

Otra condición fundamental en la que, según Madera, todas las partes parecían estar de acuerdo, era la necesidad de obtener un permiso de la Junta de Calidad Ambiental para que Clark pudiera refinar petróleo con hasta 2.5% de contenido de azufre. Este permiso era crucial ya que las regulaciones ambientales establecen límites en el contenido de azufre del crudo refinado para reducir la contaminación del aire y la lluvia ácida. Clark buscaba asegurar esta autorización, posiblemente porque el crudo con mayor contenido de azufre era más accesible o económico en el mercado.

Al ser preguntados por las preocupaciones de obtener petróleo crudo, Clark Caribbean, Inc. respondió que Apex tenía recursos en abundancia, que su petróleo lo podían conseguir de cualquier parte del mundo y eran muy exitosos en conseguirlo al precio más conveniente para su empresa. Mas aun cuando ya para este periodo se habían finalmente estabilizado los precios del petróleo por barril por la OPEC. Aparentemente todo pintaba bien para todos los jugadores dentro de esta transacción.

La compra fría

Había pasado un año, dos días y aún la compra seguía envuelta en incertidumbre. Mohan Vyas aún figuraba dentro de la contienda y en los titulares de la prensa, aunque no precisamente por la razón que se esperaban. El Sr. Vyas se había estado hospedando por aproximadamente seis meses en el Plaza Club: Holiday Inn. Una estadía en la cual había acumulado una cuenta de $100,000 dólares y una deuda de $20,000. Adicional a este derroche, lo más preocupante era que, a pesar de todas sus negociaciones con CORCO, nunca había puesto dinero sobre la mesa. Todo parecía reducirse a promesas de palabra, al menos desde su parte. Incluso, Vyas se encontraba en una increíble desventaja al no ofrecer o al menos incluir como elemento de negociación asumir las deudas de la CORCO, algo que ya Apex había aceptado. Columnas en el periódico San Juan Star posterior a estos acontecimientos esclarecen por qué nunca tomaron la negociación con Vyas seriamente.

Vyas and Vance, a resident of Brooklyn, are partners in two well-publicized ventures on the island, both of which have raised considerable skepticism in government and business circles on whether they really had the resources to pull of the deals.

The best known of the two projects was an offer to buy the bankrupt Commonwealth Oil Refining Corporation in Peñuelas for $30 million, an offer which CORCO officials tentatively looked into, but never took seriously enough to enter into any formal negotiations.[35]

Poco después, la reputación de Vyas quedó completamente expuesta cuando fue arrestado junto a su socio, Vito Vance[36], por impago de sus exorbitantes cuentas de hotel. Ante esta infamia que había cosechado, Vyas aumentó su oferta inicial de 25 a 30 millones. Después de este incremento ante la prensa, buscaba captar la atención de los oficiales de la CORCO. Diciendo que se sentía que se encontraba “entre un sándwich”[37] debido a que había terrenos que le pertenecían a las familias Vidal y Valdivieso de Ponce.[38]

Unos días después de esta columna publicada por el San Juan Star, Rafael Pumarada le envía esta carta a Sergio Tasso:

“Dear Sergio:

Here is more information regarding CORCO sale, but as you can see, is not very promising.

Unfortunately, both promoters, Messrs. Vyas and Vance, are in jail until they can pay their monumental hotel bills.

It seems that CORCO’s only chance of survival for the time being is in the hands of Apex Oil Company.

Let’s continue hoping that eventually CORCO and Apex will make a deal.”[39]

Incluso, el propio socio de Vyas, Vito Vance, desconocía el origen de los fondos con los que planeaba comprar CORCO. De manera repentina, la discusión dejó de centrarse en la negociación y comenzó a girar en torno a la legitimidad de su pasaporte e identificación. La corte abordó el caso con la sospecha de que Vyas podría ser un inmigrante fraudulento, acumulando una fortuna de manera dudosa y moviéndose de país en país.

Al final, ambos hombres enfrentaban una posible condena máxima de cinco años de prisión si eran declarados culpables. Además, Vyas enfrentaba un cargo adicional relacionado con la autenticidad de su pasaporte. A partir de ese momento, los reportes se enfocaron en entrevistas oficiales y declaraciones de representantes de CORCO, quienes detallaron las irregularidades y señales de alerta que surgieron durante todo el proceso de negociación con Vyas.

La CORCO había cerrado en 1984 debido a que Apex nunca logró conseguir un suplidor de petróleo con un precio accesible para ellos, contrario a todo lo que habían dicho durante la negociación. A pesar de esto, se rumoraba su reactivación en 1985, aunque nunca llegó a ocurrir. Sin embargo, la muerte de la CORCO no fue lo que selló la tumba de las petroquímicas en la isla. Fue el cierre de Union Carbide lo que marcó el fin del auge petroquímico de Puerto Rico:

“Se acaba de cerrar el último eslabón firme de la era puertorriqueña petroquímica”.[40]

“[…] el inicio del fin de la época dorada de la industria petroquímica.[41]

“Las cifras oficiales sitúan en un 24 por ciento al desempleo en Ponce, pero el alcalde de Peñuelas, Iván Nigaglioni y de Guánica, Liduvino García, sostienen que la mitad de su población trabajadora de sus pueblos “están sin trabajo”.[42]

Conclusión: El colapso de un modelo de desarrollo

La historia de CORCO y la industria petroquímica en Puerto Rico refleja la fragilidad de un modelo de desarrollo basado en la inversión extranjera y las exenciones fiscales. Lo que comenzó como una promesa de modernización industrial en la década de 1950, terminó cuatro décadas después con un desempleo masivo, cierre de fábricas y un ecosistema económico dependiente de fuerzas externas. La devastación no fue solo económica, sino también social y territorial: incluso en las comunidades más marginadas de la isla quedaron esparcidos los restos físicos de plantas industriales que alguna vez organizaron la vida cotidiana y definieron la identidad local. Estas estructuras abandonadas no solo marcaron el fracaso del modelo, sino que transformaron irreversiblemente el paisaje urbano y social, dejando tras de sí comunidades desamparadas, desconectadas y heridas por una modernización que nunca les perteneció.

La contienda por la CORCO entre Vyas, Apex Oil y Sun Oil es solo un episodio dentro de un problema estructural mayor: Puerto Rico nunca tuvo control real sobre los recursos energéticos que sustentaban esta industria. Desde su fundación, la refinería dependió de la importación de crudo y de la aprobación del gobierno federal para operar. La crisis del petróleo de 1973 fue el golpe inicial, pero fueron las políticas económicas y las decisiones de las grandes petroleras las que finalmente sellaron su destino.

El colapso de CORCO y la Union Carbide no solo representó el fin de la industria petroquímica en la isla, sino que también dejó en evidencia los límites de un modelo económico que apostó por la inversión extranjera sin garantizar una base sostenible a largo plazo. Para 1989, con las refinerías clausuradas y el empleo en desplome, se hizo innegable que el llamado auge petroquímico en Puerto Rico había sido, en esencia, una ilusión cuidadosamente promovida. Lo que en sus inicios se vendió como una vía hacia la modernización y el desarrollo sostenido terminó por evidenciar su verdadera naturaleza: una estructura industrial precaria, amarrada a subsidios fiscales y al vaivén de intereses foráneos. Una vez desaparecieron los incentivos y se retiraron los principales actores, el entramado colapsó sin resistencia, dejando tras de sí un paisaje marcado por el abandono, la contaminación ambiental y el deterioro irreversible del tejido social de muchas comunidades. Aquello que se prometió como progreso dejó, en cambio, tierras tóxicas, desempleo crónico y barrios que aún hoy cargan con las cicatrices de una modernización ajena.


Notas

[1] La Fundición Abarca, ubicada en la bahía de San Juan, era una fábrica de metalurgia que se dedicaba al diseño y fabricación de piezas en hierro para maquinarias azucareras, petroquímicas, equipo pesado e incluso elementos ornamentales de viviendas. Estuvieron estrechamente vinculados con el proceso de industrialización de la isla durante su operación hasta finales del siglo XX. Su contenido se encuentra en estado de clasificación dentro del AACUPR.

[2] Corco Habla. “Corco Habla.” Febrero de 1965, 10–11. https://issuu.com/coleccionpuertorriquena/docs/corcohabla-jan-feb1965.

[3] Mario Vázquez, “El complejo industrial petróleo-químico: La criatura dorada de Fomento (VII),” Momento Crítico, última modificación septiembre 5, 2023, recuperado de https://www.momentocritico.org/post/el-complejo-industrial-petr%C3%B3leo-qu%C3%ADmico-la-criatura-dorada-de-fomento-vii.

[4] Los alcoholes intermedios son una categoría de alcoholes que se utilizan en la producción de una amplia variedad de productos, como disolventes, polímeros, plásticos, productos farmacéuticos, productos de limpieza, entre otros.

[5] Economic Development Administration, Department of Economics and Planning, The Petroleum Refining, Petrochemical, and Allied Products Industries in Puerto Rico, Industry Profiles Series, February 1973, Appendix 1, 3.

[6] El concepto de “core industries” gira en torno a crear una red de industrias que se suplementen entre si para crear un eslabón de producción y materia prima. En el caso de la CORCO era crear una red e industrias de petroquímicas, usando al gigante del sur como su núcleo.

[7] Mario Vázquez, “El complejo industrial petróleo-químico: La criatura dorada de Fomento (VII),” Momento Crítico, última modificación septiembre 5, 2023, https://www.momentocritico.org/post/el-complejo-industrial-petr%C3%B3leo-qu%C3%ADmico-la-criatura-dorada-de-fomento-vii.

[8] Gertz, M. H., Walker, J. L., & Hawley, P. W. (1970, February 11). The Development of The Petrochemical Industry In Puerto Rico. Dallas; United Nations Industrial Development Organization (UNIDO).

[9] Eslabonamiento hacia atrás, en inglés “backward linkages”, es cuando una industria requiere servicios, insumos o producto de otras industrias locales. Por otra parte, el eslabonamiento hacia al frente, “forward linkages”, ocurre cuando una industria genera esos insumos, productos y servicios para otra industria que los necesita.

[10] Bauzá, R. E. “Las buenas maneras.” Recuperado de El Mundo, 28 de abril de 1980. https://gpa.eastview.com/crl/elmundo/newspapers/mndo19800428-01.1.9.

[11] Recuperado de Corco Habla. Febrero de 1966, 2–3. https://issuu.com/coleccionpuertorriquena/docs/corcohabla-february1966.

[12] Corco Habla. Febrero de 1966, 18–19. https://issuu.com/coleccionpuertorriquena/docs/corcohabla-february1966.

[13] Ibid.

[14] Las cifras de crecimiento per cápita se pueden interpretar como mensuales.

[15] Recuperado de Corco Habla. Febrero de 1966, 16–17. https://issuu.com/coleccionpuertorriquena/docs/corcohabla-february1966.

[16] “Critica aumento como abusivo”, El Mundo, 23 de febrero de 1980. https://gpa.eastview.com/crl/elmundo/newspapers/mndo19800223-01.1.16.

[17] Kolman, J. “Alto ejecutivo Corco niega plan cierre de refinería”, El Mundo, 20 de marzo de 1980.

[18] Ibid.

[19] “Dos empresas interesadas en Corco someten ofertas revisadas de compra”, El Mundo, 8 de mayo de 1980. https://gpa.eastview.com/crl/elmundo/newspapers/mndo19800508-01.1.54.

[20] “Buen augurio para la CORCO”, El Mundo, 18 de mayo de 1980. https://gpa.eastview.com/crl/elmundo/newspapers/mndo19800518-01.1.8.

[21] Consultado en IV-23, Informe al Gobernador de 1982-1983. 1983. 13. https://jp.pr.gov/wp-content/uploads/2021/09/Informe-Economico-al-Gobernador-1983.pdf.

[22] “CORCO perdió $12.5 millones en el 1983”, El Mundo, 16 de marzo de 1984. https://gpa.eastview.com/crl/elmundo/newspapers/mndo19840316-01.1.24.

[23]  “New CORCO Bid Called Part of $320 Million Plan”, The San Juan Star, 23 de marzo de 1984. Caja 15, Carta-pacio 32, AACUPR.

[24] Blasor, L. “CORCO Suitor is a Giant Firm with History of Success”, Caribbean Business, 19 de enero de 1983. Caja 15, Cartapacio 32, AACUPR.

[25] Ibid.

[26] Ibid.

[27] Ibid.

[28] Patureau, A. “Apex Pulls Out, Sun Oil Steps in CORCO Deal”, The San Juan Star, 19 de febrero de 1983. Caja 15, Cartapacio 32, Archivo de AACUPR.

[29] Ibid.

[30] Pumarada, R. “Carta a Sergio Cosso.” 7 de marzo de 1983. Carta manuscrita. Caja 15, Cartapacio 32, Archivo de AACUPR.

[31] O’Neill, J. “Sun Eyes CORCO Terminals More than Refinery”, The San Juan Star, 25 de febrero de 1983. Caja 15, Cartapacio 32, Archivo de AACUPR.

[32] Fridman, H. “Corco Sold for $22 million”, The San Juan Star, 16 de abril de 1983. Caja 15, Cartapacio 32, Archivo de AACUPR.

[33] Una unidad de craqueo es un equipo designado para la conversión de hidrocarburos en petróleo y gasolina. Es mediante este proceso que se refina el petróleo y se produce la gasolina y el diésel.

[34] Beardsley, C. “Venta CORCO originará 350 nuevos empleos”, El Mundo, 16 de abril de 1983. Caja 15, Cartapacio 32, Archivo de AACUPR.

[35]  Stella, T. “Vyas Clobbered with a Double Legal Whammy”, The San Juan Star, 13 de abril de 1984. Caja 15, Cartapacio 32, Archivo de AACUPR.

[36] Vito Vance era socio de Vyas y residente de Brooklyn en aquel momento. A pesar de tomar un asiento trasero en lo que vienen siendo las negociaciones, se alegaba que este formaba parte de los negocios de Vyas, hayan sido legítimos o no.

[37] Vyas decía que, debido a que había más de un dueño de los terrenos involucrados en la transacción, no sabía a quien pagarle, si a las dos familias o a la CORCO.

[38] Patureau, A. “Vyas hikes offer prices for Corco”, The San Juan Star, 31 de marzo de 1984. Caja 15, Cartapacio 32, Archivo de AACUPR.

[39] Pumarada, R. “Carta a Sergio Cosso.” Carta manuscrita, 16 de abril de 1984. Caja 15, Cartapacio 32, Archivo de AACUPR.

[40] Varela, L. R. “Hoy empiezan despidos en Union Carbide”, El Mundo, 31 de enero de 1989. https://gpa.eastview.com/crl/elmundo/newspapers/mndo19850131-01.1.92.

[41] Ibid.

[42] Ibid.