El Pulso en las Riendas: Fondo de la Administración del Deporte Hípico en Puerto Rico
Kalia Aponte Morillo
Intern, Rutgers/Puerto Rico Archival Collaboration
Estudiante graduada de Historia, Universidad de Puerto Rico
[Al final hay una seccion especial]
“Históricamente, el deporte hípico ha sido uno de los entretenimientos preferidos del pueblo puertorriqueño. Desde el siglo pasado, cuando, como sana diversión formaba parte de nuestras celebraciones religiosas, hasta el presente, cuando se ha convertido en deporte, juego e industria, continúa siendo la actividad que más le gusta al puertorriqueño. Estas actividades abarcan la utilización de terrenos para la producción de excelentes ejemplares nativos que han demostrado muchas veces su calidad superior en justas internacionales; la creación de miles de empleos directos e indirectos para un gran número de familias puertorriqueñas; y significativos ingresos para el Tesoro de Puerto Rico.”[1]
Según Miguel-Andino Clemente Cruz, autor de los dos volúmenes de la Enciclopedia del Hipismo Puertorriqueño, el caballo llega a América tras la organización del segundo viaje de Cristóbal Colón en 1493. Los reyes Fernando e Isabel ordenaron la composición de una armada de 20 jinetes con 20 caballos, además de otras yeguas adicionales. Señala Clemente que las razas presentes en los reinos y las provincias de las Indias conquistadas por los españoles provenían de Andalucía, España.
Clemente Cruz cita las expresiones del historiador Salvador Brau en torno a las carreras de caballos en Puerto Rico. Señala Brau que las carreras de caballo fueron famosas en Puerto Rico desde el siglo XVI. Narra que las carreras empezaban al oscurecer y continuaban hasta altas horas de la noche. En ellas participaban personas provenientes de diversas clases sociales, por lo cual, en ocasiones, se producía un ambiente de desorden. A raíz de esto, el obispo Urtiaga amenazó con pena de excomunión a toda persona que participara de las mismas. La ciudad protestó en contra de esta medida con el apoyo del capitán general. La situación fue llevada ante la Audiencia, cuya decisión fue permitir la continuación de las fiestas, pero sin la participación de las mujeres. Según los datos de Brau, citados por Clemente Cruz, las carreras de caballos fueron prohibidas en el periodo de 1824 a 1837. Sin embargo, según el historiador Walter Bonilla-Carlo[1], ya para 1884 se organiza un Jockey Club en San Juan con miras a establecer un hipódromo en ese municipio. Así, para finales del siglo XIX, hubo en Puerto Rico cuatro hipódromos: Ponce (1882), San Germán (1882), Mayagüez (1882) y San Juan (1887)[2]
Las primeras carreras de caballos organizadas por el gobierno fueron dirigidas por la Real Sociedad de Amigos del País. Estas fueron, según los datos presentados por Clemente Cruz, las primeras carreras reglamentadas, celebradas en el año 1849. Sin embargo, hacia inicios del siglo XX, la necesidad de reglamentar el deporte hípico se hizo patente y el 13 de marzo de 1913 de aprobó la ley que creó la Comisión Hípica Insular, encargada de su fiscalización. Esta comisión estaría a cargo de la expedición de licencias (de jinetes, de cuadreros) y de la reglamentación del deporte. Tres años más tarde, se legalizó la jugada del pool.
La jugada del pool es un invento netamente puertorriqueño. Está basada en el resultado de los días de carreras en el hipódromo y cuyo nombre original fue Pote. Quienes acertaran los ganadores se llevarían el pool. Clemente Cruz presume que los creadores de esta jugada fueron don Ernesto W. Apellaniz Storer, contador público autorizado y ejecutivo del Banco Popular de Puerto Rico y don Damián Artau, cirujano menor, empleado del Departamento de Sanidad y en la oficina del doctor Bailey Kelly Ashford. Don Ernesto fue dueño de ejemplares, ocupó posiciones en la Comisión Hípica Insular y administró la Corporación del Quintana Racing Park. Al momento de fallecer, fungía como administrador del Establo Lares, Inc. Por otro lado, Clemente Cruz señala que don Damián falleció en 1916 con la constancia de que la jugada del pool estaba en los estatutos legales del país. Según Clemente Cruz se entiende que la primera jugada secreta del pool se llevó a cabo en unas carreras celebradas en Ponce el 15 de marzo de 1910. Esta primera jugada se dio entre los hípicos de la burguesía. Sin embargo, el auge que tomó fue “… como pólvora en acción…” a pesar de las medidas promulgadas por el gobierno para frenarla. El Departamento del Interior, por ejemplo, prohibió las noticias telegráficas de los caballos ganadores. Algunos periódicos denunciaron la desmoralización observada incluso en los niños, que se encontraban sumidos en el juego. Adicionalmente, el Lic. Benigno Fernández García presentó el Proyecto de la Cámara Núm. 17, que catalogaba la jugada del pool como un delito cuya infracción era castigable con un máximo de $100.00 de multa. No obstante, el pool terminó siendo legalizado con la aprobación de la Ley Núm. 42 de abril de 1916.
El fondo de la Administración del Deporte Hípico, encontrado en el Archivo General de Puerto Rico, comprende los años 1924-1989 y está compuesta por 64 cajas de expedientes, fotografía y registros. Contiene, además, 19 libros de contabilidad. El fondo cuenta con documentación proveniente de la Comisión Hípica Insular de Puerto Rico, la Comisión Hípica de Puerto Rico y de la Administración de la Industria y el Deporte Hípico de Puerto Rico. Así, este rico fondo traza la historia de las tres etapas de las administraciones encargadas de fiscalizar y reglamentar el deporte hípico puertorriqueño. Su contenido fue organizado en 9 series, de manera cronológica. Las 9 series son Jinetes, Entrenadores, Propietarios, Correspondencia General, Informe de Jurado, Misceláneos, Asuntos Varios, Jueces y Estadísticas de Carreras. El material procesado incluye solicitudes de licencias de jinetes y de cuadreros (¡con fotos y huellas dactilares!), historiales de jinetes y de cuadreros, correspondencia proveniente de instituciones gubernamentales y personas particulares, información presupuestaria, planes de carreras, expedientes de algunos clásicos celebrados, organizaciones y asociaciones, entre otros. También, se encuentran registros de contenidos diversos, tales como contabilidad, certificaciones de inspecciones, potros, traspaso de propiedad, dinero ganado, entre otros. Por último, hay expedientes con información de las jugadas del pool y de los hipódromos Quintana, Las Monjas y Las Casas.
Algo en particular que me llamó la atención fueron las categorías raciales encontradas en las solicitudes tanto de cuadreros, como de jinetes. Entre 1920 y 1950, aparecen en las solicitudes las categorías negro, blanco, trigueño y mulato. También encontré que la mayoría de los participantes en la industria hípica puertorriqueña eran hombres provenientes de la isla, aunque también vinieron de países como Estados Unidos, Trinidad y Venezuela. En toda la documentación manejada aparecen muy pocos nombres de mujeres. Estos elementos pudiesen ser motivos de investigación, ya que permiten una mirada a algunas dinámicas sociales del Puerto Rico de principios y mediados del siglo XX. Sería interesante también mirar el desarrollo del deporte hípico en un Puerto Rico que atravesaba periodos de profundas transformaciones sociales y económicas, tales como el cambio de soberanía, las posteriores construcciones militares estadounidenses, la industrialización y urbanización del archipiélago y las migraciones del campo a los nuevos centros urbanos, entre otras. Así, este fondo es idóneo para investigaciones de la historia económica, de estudios de mujer y género, de estudios de raza y racialización, de historia deportiva, entre muchos otros. ¿De qué maneras, si alguna, afectó al deporte hípico la industrialización y urbanización de Puerto Rico? ¿Vio el deporte hípico la integración de quienes bajaron del campo a la ciudad? ¿Representó el hipismo una oportunidad laboral para estas personas migrantes? ¿Qué rol jugaron las mujeres en esta industria? ¿Quiénes tuvieron acceso al hipismo temprano?
Este fondo está lleno de información histórica que nos brinda algunas claves no solo del hipismo, sino sobre los modos de entretenimiento de nuestra cultura, quiénes tenían acceso a esos espacios deportivos, qué trabajos creó la organización de este deporte, entre otros. Vale la pena subrayar que este fondo no está solo, pues la Biblioteca y Hemeroteca Puertorriqueña cuenta con valiosos recursos relacionados al tema, tales como la revista El Comandante, de la cual tiene sobre 100 números. De igual manera, los periódicos Boletín Mercantil, La Correspondencia, El Mundo y El Imparcial tienen noticias del hipismo temprano en Puerto Rico. Estos periódicos están disponibles de manera digital y en formato físico en la Biblioteca y Hemeroteca Puertorriqueña en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico.
Este material está disponible en el Archivo General de Puerto Rico. Gracias al Puerto Rico Archival Collaboration se ha procesado el material del fondo de la Administración del Deporte Hípico y la guía estará disponible próximamente en la Sala de Referencias del Archivo General.
Bibliografia
Bonilla-Carlo, Walter R. “Hacia otros de los temas del ’98: Los estadounidenses no trajeron el hipismo, el béisbol ni el atletismo a Puerto Rico.” Revista Universidad de América 10, no. 1 (1998): 88-95.
Clemente Cruz, Miguel A. Enciclopedia del Hipismo Puertorriqueño, 2 vols. San Juan: Ramallos Bros. Printing, Inc., 1981.
Colón Delgado, Jorge. Camarero en Punta. Quebradillas: Imprenta San Rafael, 1998.
Notas
[1] Exposición de Motivos, “Ley de la Industria y el Deporte Hípico de Puerto Rico” (Ley Núm. 83 de 2 de Julio de 1987, según enmendada).
[2] Walter Bonilla-Carlo, “Hacia otros de los temas del ’98: Los estadounidenses no trajeron el hipismo, el béisbol ni el atletismo a Puerto Rico”, Revista Universidad de América 10, no. 1 (1998): 88-95.
[3] Aníbal Sepúlveda Rivera, “En clave autobiográfica; En clave pública: lugares y significados de los hipódromos puertorriqueños,” 80 Grados, 8 de octubre de 2022.
Appendice
Bonus: Los Caballos y el Hipismo en la Salsa y El Son
El Gran Combo: El Caballo Pelotero
Monguito: Perla Fina


