El Rol Crucial del Difusor de Anillo Silver en La Industria Azucarera de Puerto Rico
Sergio Garcia
Rutgers/PRAC Intern, Archivo de Arquitectura y Construcción de la Universidad de Puerto Rico
Estudiante de Maestria, Escuela de Arquitectura, UPR
La colección de documentos de ABARCA abre una ventana crucial para comprender el lento proceso de decadencia de la industria azucarera en Puerto Rico y la prosperidad de esta en otros países. A través de correspondencia, catálogos y registros técnicos, estos archivos nos permiten observar de cerca el entramado de decisiones, innovaciones y políticas de inversión que moldearon una de las industrias más influyentes del siglo XX, pero que, al mismo tiempo, fueron insuficientes para evitar su declive. Este conjunto documental revela cómo la falta de adaptación a nuevas tecnologías, las tensiones laborales y la presión de una competencia internacional cada vez más feroz contribuyeron a la gradual erosión de un sector que una vez fue el núcleo de la economía puertorriqueña.
De igual modo, la colección expone cómo se priorizaron ciertos mercados internacionales, mientras que, en su propio país de origen, la industria no recibió el mismo impulso. Al recorrer estos documentos, comprendemos las decisiones y omisiones que llevaron a su insostenibilidad, arrojando luz sobre los efectos duraderos en la economía y en las comunidades que durante generaciones dependieron de esta industria. La colección de ABARCA nos invita a redescubrir una historia de innovación y resistencia, y a explorar los complejos factores que marcaron la lenta caída de una industria alguna vez próspera.
Actitud de productores de azúcar frente a nuevas tecnologías
La industria azucarera de Puerto Rico se mantuvo anclada en técnicas tradicionales durante gran parte del siglo XX. Aunque la competencia internacional se modernizaba, en Puerto Rico los ingenios operaban con infraestructuras obsoletas y equipos antiguos. Por ejemplo, en 1952, la isla procesaba más de 1 millón de toneladas de azúcar con 34 ingenios y siete refinerías, lo que muestra que la capacidad industrial no se había modernizado sustancialmente desde inicios del siglo.[1] La resistencia al cambio tuvo dos vertientes: por un lado, muchos dueños veían la modernización como una inversión riesgosa en una industria que ya mostraba señales de declive. Por otro, cuando los ingenios intentaron introducir mecanización, enfrentaron la oposición de los sindicatos que temían la pérdida de empleos.[2]
Esta inercia tecnológica contribuyó al colapso de la industria en las décadas siguientes. La tecnología no se adoptó de manera masiva, y cuando se intentó introducir innovaciones, como el Difusor de Anillo Silver, ya era demasiado tarde para revertir el declive. En lugar de innovar a tiempo, los ingenios siguieron utilizando técnicas ineficientes, lo que incrementó sus costos de producción y redujo su eficiencia en comparación con otros países.
Como previamente establecido, la industria azucarera de Puerto Rico no modernizó su infraestructura a tiempo. Para 1998, solo quedaban dos ingenios operativos en la isla: Central Coloso y Central Roig, ambos operando con equipo obsoleto y capacidad limitada. Por ejemplo, la producción de azúcar en Puerto Rico cayó de 1,299,000 toneladas en 1949-50 a solo 15,800 toneladas en 1997-98.[3]
Lo que pudo haber sido…
Se han hallado documentos que detallan transacciones, diseños y correspondencia que tratan explícitamente sobre la creación e implementación de tecnologías revolucionarias para la industria agrónoma a nivel mundial, tales como el Difusor de Anillo, pero ninguna en Puerto Rico… La fundición ABARCA, responsable por la fabricación de una cantidad amplia de estas piezas, aparece en muchas, si no todas las conversaciones que discuten la implementación estratégica de estas piezas tecnológicas. Se encuentran catálogos de empresas aseguradoras como American Factors Associates Limited (Figura 1-5) y de empresas agrónomas ubicadas en “Esperance” (Figura 6-8), uno de los mayores desarrollos agrícolas del mundo en Australia.
El punto de partida, o más bien el campo de entrenamiento para probar el Difusor de Anillo, una herramienta que cambiaría la industria azucarera para siempre, fue la central azucarera Pioneer en Hawái[4] (Figura 9). La primera vez que esta tecnología se usó fue a mediados de la zafra de 1964. Los resultados fueron contundentes: la cosecha registró un incremento de 0.94 toneladas de caña por hora, con un total de 81,100 toneladas procesadas, y un aumento del 3.4% en la extracción de azúcar al comparar las zafras de 1962-1963 (usando molino) y 1965-1966 (con el difusor de anillo Silver). Tras este éxito, la tecnología comenzó a implementarse en otros ingenios del mundo como lo son:
- Hokubu Seito-Okinawa Japón
- Eldorado-México
- Central Cumanacoa-Colombia
- Central Cristóbal Colón-República Dominicana
- Casa Grande-Perú
- San Antonio-Nicaragua
Sin embargo, habiendo mencionado todo esto, la correspondencia y documentos que tratan directa y exclusivamente sobre implementación de tecnologías en Puerto Rico son escasos. Más aún cuando se trata del desarrollo e implementación de una de las herramientas más importantes, si no la más importante, para la extracción del jugo de caña de azúcar: el difusor de anillo.
La mención más temprana del difusor de anillo proviene de un documento escrito en el 1967 en una oferta por parte de Silver (Eventualmente CF&I Engineers) a la Asociación de técnicos Azucareros de Puerto Rico.[5] En esta oferta o catalogo se presenta el éxito del difusor en distintos ingenios alrededor del mundo en un intento por introducirlo en Puerto Rico. Justo antes de presentar los datos de producción del difusor en distintos ingenios Silver les dice y cito:
…With mechanical harvesting becoming more and more necessary for the survival of the Puerto Rican industry, the Ring Diffuser operation at Pioneer is most important to look at.[6] (Figura 10)
For Puerto Rico, the increase in extraction from 91.509 for the industry to 97.5 with the Ring Diffuser would produce 53,000 tons of sugar for Puerto Rico. Based on the average New York Price for raws this year, Puerto Rico would have obtained $7,680,000.00 more with their present crop if all factories had Ring Diffusers. Instead of burning sugar as fuel as it goes out with the bagasse, the sugar could have produced cash returns into the pockets of sugar producers and manufacturers in Puerto Rico. Thinking in other terms, investing now in the Ring Diffusion System will give a quick return on investment and the biggest step that the Puerto Rican industry can make in obtaining the efficiency that is so necessary for survival now and profitable sugar operations in the future.[7]
La segunda mención de Puerto Rico y el difusor se encuentra en una carta de Jerónimo Diaz, Compain ME, dirigida al Dr. Fernando Badrena Jr., presidente de Badrena y Pérez, Inc., del 22 de agosto del 1972 y que claramente arguye que:
Puerto Rico necesita la difusión y este debe ser el próximo paso, pues están obligados por el alto costo de la caña a reducir las pérdidas de la cuenta de sacarosa.[8] (Figura 11)
y que el entonces gobernador, Luis A. Ferré, aclaró que quería que la menor cantidad de empleos se viesen afectados en el caso de esta implementación que sin duda alguna eliminaría a unos 6-12 hombres por ingenio/fabrica a través de la isla.[9]
Dos años más tardes ya el primer difusor había llegado a Puerto Rico cortesía de Dorr-Oliver y CF&I Engineers, Inc (previamente conocido como Silver) para la zafra del 1974 en la central azucarera Coloso. José M. Bernal, siendo el superintendente de la central y a la vez presidente de la “Sugar Technologists Association of P.R”, incluso, tenía intención de reutilizar el bagazo extraído de este proceso más eficiente para fabricación de papel y otros productos de glucosa. Sin embargo, los resultados no fueron lo esperado. El año posterior a la implementación del difusor, la tasa de desempleo incrementó un 21.2% (26,000).[10] En el sector agrícola específicamente 4,000 personas quedaron desempleadas del 1974 al 1975. La industria azucarera de la isla ya francamente se encontraba en las últimas en la década del 70, quedando completamente obsoleta ya para los años ’80.
Lo que no sabían, o mejor dicho se negaban a aceptar, es que esta tecnología o “rescate” llegó una década tarde a la isla. En los años 60, la industria azucarera de Puerto Rico comenzó a mostrar signos de crisis debido a varios factores. Uno de los más relevantes fue el aumento de los costos de producción, combinado con la caída de los precios internacionales del azúcar. La mecanización y la modernización de la producción en otros países también pusieron en desventaja a Puerto Rico, donde los ingenios seguían operando con tecnologías más anticuadas. Ya para este entonces los ingenios y centrales azucareras de Hawái, Perú, Colombia, Venezuela, México, Okinawa, Republica Dominicana, etc., estaban implementando la tecnología del difusor dentro de su operación. Este dispositivo, a pesar de que solo beneficiaba los intereses privados detrás de estos ingenios, al menos mantenía una economía relativamente estable dentro del desarrollo agrícola en estos países.
El difusor de caña y su rol dentro de la industria azucarera
Antes de la adopción de los difusores, el método predominante para extraer el jugo de la caña de azúcar era a través de molinos de rodillos. Este proceso consistía en aplastar la caña para extraer el jugo, pero tenía limitaciones en términos de eficiencia y recuperación de azúcar. A lo largo del siglo XX, la necesidad de aumentar la eficiencia y reducir costos llevó a la adopción de nuevas tecnologías. El difusor de anillo surgió como una solución innovadora. Este equipo permite la extracción del jugo de la caña mediante la difusión en lugar de la presión, utilizando un proceso en el que la caña picada se mueve lentamente a través de un anillo y se lava con agua caliente o jugo diluido. Este proceso maximiza la recuperación de azúcar y reduce las impurezas en el jugo extraído. Adicional a esto, logra menor consumo energético.
El producto al ser promocionado incluye como punto a su favor la reducción de necesidad por empleados trabajando en la fábrica. Por ejemplo, en cartas de Lawrence Engel, subdirector de la división de caña de azúcar, a Jaime Rullan Mayol, en aquel momento senador, se habla que en la visita de Rullan Mayol a Hawái
Se le hizo aparente la ausencia de trabajadores en los molinos, dado el hecho de que el difusor únicamente requería a dos trabajadores en un cuarto de control. [11] (Figura 12-15)
El ahorro en el costo de empleados se ve presentado como un futuro “beneficioso” para la industria azucarera en Puerto Rico. Esto es citado, tal como lo explico, en numerosos catálogos de “Silver Engineering” y “Dorr- Oliver” como: (Figura 16)
Low labor cost: The diffuser is controlled automatically so that it requires only one operator per shift. This represents a saving of six to twelve men per day.[12]
Bajo costo de mano de obra: el difusor se controla automáticamente, por lo que solo requiere un operador por turno. Esto representa un ahorro de seis a doce hombres por día.[13]
¿Por qué los manufactureros en Puerto Rico, teniendo acceso a esta tecnología, no la implementaron hasta que fue muy tarde?
Falta de Inversión en la Industria Azucarera
Aunque Puerto Rico tenía acceso a tecnologías avanzadas, la inversión en modernización fue insuficiente, ya que el gobierno estaba más enfocado en la industrialización bajo el programa Operación Manos a la Obra. Este enfoque desvió recursos del sector agrícola hacia la manufactura, lo que llevó a que los ingenios no recibieran las inversiones necesarias para mejorar sus tecnologías. En la década de 1950, aunque la industria seguía siendo relevante, ya mostraba signos de desgaste, y el área cosechada de caña de azúcar comenzó a declinar rápidamente.[14]
Entre 1953 y principios de los ’80, el área de cultivo de azúcar disminuyó en más del 50%, mientras que la contribución de la agricultura al PIB cayó del 14% al 5%.[15] La inversión en el sector manufacturero impulsó el crecimiento urbano, pero esto se hizo a costa del sector agrícola, lo que terminó afectando gravemente la rentabilidad de la industria azucarera. En 1945, Puerto Rico tenía 424,000 acres dedicados al cultivo de caña, pero para 1992, solo quedaban 38,462 acres.[16] La falta de inversión en maquinaria moderna y la resistencia a adoptar nuevas tecnologías condujeron al colapso de los ingenios azucareros, como la Central Mercedita, que cerró en 1994 tras años de pérdidas.[17]
El gobierno puertorriqueño, en lugar de modernizar el sector agrícola, invirtió en fábricas que prometían empleos más lucrativos y estables, pero dejó de lado la modernización de los ingenios azucareros, lo que condenó al sector agrícola al estancamiento. Aunque hubo intentos esporádicos de rehabilitar la industria, estos esfuerzos fueron insuficientes y poco coordinados.
Cambio de Prioridades Económicas
El cambio de enfoque del gobierno de Puerto Rico en las décadas de 1950 y 1960, favoreció la industrialización urbana sobre la agricultura. Bajo Operación Manos a la Obra, el gobierno buscó atraer inversión extranjera en manufactura, lo que llevó a que la industria azucarera quedara rezagada. Aunque a inicios de los años ’50, todavía se producía más de 1 millón de toneladas de azúcar al año, ya en 1957 la producción comenzó a caer.[18] Por ejemplo, en 1952 se produjeron 1.3 millones de toneladas, pero solo 15,800 toneladas en 1998.[19] Este cambio de prioridades reflejó un abandono de la agricultura como motor de desarrollo económico, priorizando el empleo y la urbanización.
Esta política gubernamental aceleró el abandono de los campos de caña, lo que generó un éxodo de trabajadores agrícolas hacia las ciudades, buscando empleos mejor remunerados en la manufactura y en empresas extranjeras. Este proceso subraya la desconexión entre las políticas gubernamentales y las necesidades de los sectores rurales.
Desconfianza y Mal Manejo en la Implementación
La implementación tardía del difusor en la Central Coloso en 1974 fue un intento por modernizar una industria que ya estaba en declive, pero los esfuerzos de modernización no fueron suficientes ni efectivos. Entre 1968 y 1972, el gobierno invirtió 100 millones de dólares en un esfuerzo fallido por rehabilitar la industria y llevar la producción de azúcar de vuelta a 1 millón de toneladas.[20] Sin embargo, la desconfianza entre los sindicatos y los administradores, junto con el mal manejo de los recursos, contribuyó a que la modernización no se extendiera eficazmente. Esto resultó en una falta de coordinación y una adopción fragmentada de las tecnologías, por lo que muchos ingenios continuaron operando con equipos obsoletos.
Además, la coordinación entre el gobierno y el sector privado fue deficiente, lo que generó desconfianza sobre la efectividad de las nuevas tecnologías. Esta falta de una estrategia integral de modernización contribuyó al fracaso de los intentos por revitalizar la industria, y para 1998, solo dos ingenios permanecían en operación.[21]
Subsidios y Dependencia Gubernamental
A medida que la industria azucarera de Puerto Rico comenzaba a desmoronarse, el gobierno intentó salvarla mediante subsidios y la nacionalización de ingenios en bancarrota. Como se mencionó anteriormente, entre 1968 y 1972, se invirtieron aproximadamente $100 millones para rehabilitar el sector, pero estos esfuerzos se enfocaron más en mantener la producción a corto plazo que en implementar cambios estructurales profundos. Aunque se inyectaron fondos, no se destinaron suficientes recursos para la modernización tecnológica ni para la capacitación de los trabajadores en el uso y mantenimiento de las nuevas tecnologías. Sin una visión a largo plazo, la industria continuó dependiendo de ayudas financieras en lugar de lograr una transformación sostenible.
Por ejemplo, en los documentos internos de AACUPR, se encuentran propuestas de ampliación y mejoras, como las del ingenio El Salto.[22] Estas mejoras fueron pensadas, pero nunca se ejecutaron en su totalidad.
El desmantelamiento físico de las centrales azucareras en Puerto Rico y la posterior relocalización de la industria fueron procesos interrelacionados que transformaron el paisaje económico y social de la isla. A continuación, se ofrece un análisis más profundo de estos procesos, incluyendo ejemplos concretos.
Desmantelamiento Físico
Muchas de las centrales azucareras que cerraron en Puerto Rico eran estructuras icónicas que simbolizaban el auge de la industria azucarera. Con la clausura de estas fábricas, el proceso de demolición fue inevitable. Claro aparte de, hubo también factores contribuyentes personales tales como lo son disputas familiares ocasionadas por herencia (Como es el caso de la central Eureka, en donde se desmantelo parte de la Central Santana para suplir las necesidades del ingenio Eureka debido a intereses personales), sin embargo, estos casos se encuentran en la minoría dentro del contexto azucarero, completamente volátil en sus últimas décadas. Ejemplo notable de este caso de trasmites de adquisición de ingenios una vez grandiosos, en desuso, incluye:
La Central Guánica, en Guánica: Fue en su momento la segunda central azucarera más grande del mundo, procesando el 10% del azúcar de Puerto Rico. A su alrededor, se desarrolló una comunidad con viviendas, un hospital, una iglesia y un hotel, convirtiéndose en un eje económico y social. Sin embargo, la South Porto Rico Sugar Company, propietaria de la central, intentó eludir las restricciones sobre la propiedad de tierras, lo que llevó al gobierno a demandarla en la década de 1930.[23] Como resultado, se ordenó la separación de las actividades de cultivo y procesamiento de caña, lo que afectó la calidad del azúcar producida.
En 1970, la Autoridad de Tierras de Puerto Rico adquirió la central y sus terrenos por $3.6 millones, un precio por debajo de su valor de mercado.[24] Tres años después, la administración pasó a la Corporación Azucarera de Puerto Rico, que cerró la refinería en 1977 y mantuvo la central operando a menor capacidad hasta su cierre definitivo en 1981. Posteriormente, la maquinaria fue vendida a varios países.
Documentos de correspondencia de la colección ABARCA revelan que la Corporación Azucarera de Puerto Rico, en conjunto con el Grupo Tecnológico Agroindustrial de Puerto Rico (GPG), exploró la posibilidad de reactivar la Refinería Parrot. En cartas escritas el 7 de marzo del 1983, por Manuel de Jesús, presidente de la corporación representante, dirigidas a Rafael Pumarada, vicepresidente de GPG y alto funcionario de ABARCA en el área de ingeniería [25] (Figura 17), se discutió la posibilidad de utilizar tanto la Central Roig como la Guánica Céntrale para este propósito. Sin embargo, el enfoque cambió y el interés se centró exclusivamente en adquirir la Guánica Céntrale.
Finalmente, la transacción no se concretizó, ya que el gobierno había designado las tierras para cultivo mixto, en lugar de dedicarlas exclusivamente al negocio de la caña. Sin un plan de reactivación, el cierre de la central fue definitivo, causando un impacto devastador en la comunidad: la tasa de desempleo del municipio aumentó en un 50%[26], sellando así el destino de uno de los pilares de la industria azucarera de Puerto Rico.
La Central Aguirre, en Salinas: Esta central fue una de las más grandes de la isla, pero cerró en el 2000. Sus instalaciones quedaron en ruinas, y el sitio ha sido objeto de iniciativas para su reurbanización, aunque aún persisten vestigios de su pasado industrial. Actualmente en sus alrededores yacen aun las viviendas, algunas habitadas otras en ruinas, que componían lo que parecía ser una ciudad azucarera.
La Central Coloso, en Aguada: Cesa sus operaciones en el año 2002. Siendo la primera y, hasta donde sabemos, la única que llegó a implementar la tecnología del difusor. La Central Coloso funcionó por un periodo total de 127 años, sus últimos 28 en picada consistente operando con el difusor de anillo.
Impacto Visual y Emocional: La demolición y cierre de estas estructuras no solo transformó el paisaje, sino que también tuvo un impacto emocional en las comunidades. Las fábricas eran a menudo vistas como parte del patrimonio local y su desaparición generó una sensación de pérdida cultural. Los terrenos baldíos resultantes a menudo se convirtieron en espacios olvidados que no solo simbolizan la declinación de una industria, sino también la fragilidad de la economía local. Por otro lado, la demolición o relocalización de estas centrales significó no solo la pérdida de patrimonio o -desde el lente económico- empleo directo en las centrales, sino también un impacto en las economías locales que dependían de la industria azucarera. Los trabajadores despedidos a menudo enfrentaron dificultades para encontrar nuevos empleos y las comunidades comenzaron a ver un aumento en la pobreza y la migración a otras partes de Estados Unidos en busca de oportunidades.
Aunque la deslocalización trajo consigo desafíos, también llevó a la exploración de nuevos paradigmas en la agricultura y la industria en Puerto Rico. Algunas comunidades han comenzado a diversificar su economía, enfocándose en el ecoturismo, la agricultura sostenible y la creación de empresas pequeñas, aunque la transición ha sido lenta y difícil.
Impacto de la Recesión de los Años 70
La recesión global de los años ’70, también tuvo un impacto considerable en el declive de la industria azucarera en Puerto Rico. La “crisis del petróleo” de 1973 aumentó los costos operativos de los ingenios, especialmente en combustible, esencial para las operaciones de producción y transporte de la caña de azúcar. Esto agravó las presiones financieras de una industria que ya carecía de los recursos y la tecnología moderna para competir. Además, la recesión disminuyó la demanda global de productos agrícolas, incluyendo el azúcar, y provocó una caída en los precios internacionales, lo cual hizo que los ingresos de los ingenios se redujeran drásticamente.
Para una industria que ya enfrentaba dificultades de productividad y competencia internacional, esta crisis global resultó devastadora. Los costos crecientes y los menores ingresos volvieron insostenible la operación de muchos ingenios, acelerando el abandono de la producción y empujando a muchos trabajadores hacia sectores más estables, como la manufactura. La recesión limitó, además, los recursos del gobierno para financiar un rescate sostenible de la industria, obligándolo a depender de subsidios a corto plazo en lugar de una modernización profunda.
Reducción Drástica en la Producción de Azúcar
Desde mediados de la década de 1950 hasta 1966, la producción de azúcar en Puerto Rico rondaba un promedio de 9,500,000 toneladas anuales[27], con un rendimiento de aproximadamente 30 toneladas por acre. Sin embargo, para 1974, la producción había caído a solo 3,533,000 toneladas, una disminución de la que nunca se recuperó de forma significativa. Aunque la zafra de 1975 mostró un leve aumento (3,630,000 toneladas)[28], esta cifra representaba la última vez en que la industria alcanzaría un volumen significativo. A partir de entonces, la producción se redujo año tras año, reflejando un declive que el gobierno no logró detener.
Cambios en el Uso de la Tierra y el Golpe Final del Huracán Georges
A finales de la década de 1990, otros factores contribuyeron al colapso de la industria. La creciente demanda de tierra para centros comerciales, la falta de planificación para viviendas y carreteras, y un cambio hacia el policultivo disminuyeron aún más la disponibilidad de terrenos para el cultivo de caña. A esto se sumó el éxodo de trabajadores hacia la manufactura, que ofrecía mejores condiciones laborales y salarios que el sector agrícola. En 1998, el huracán Georges impactó la isla y dejó $12 millonesen pérdidas en la industria azucarera, lo que representó un golpe devastador para una industria ya en decadencia.[29] En ese momento, solo dos ingenios permanecían operativos: la Central Coloso y la Central Roig. La privatización finalizó en el año 2000, con el traspaso de la Central Coloso, que esperaba rendir apenas unas 130,000 toneladas de azúcar, una cifra modesta en comparación con sus mejores años.[30]
La historia de la industria azucarera en Puerto Rico está marcada por grandes picos de prosperidad y profundos descensos que, si bien no todos pudieron evitarse, sí pudieron haberse mitigado con decisiones mejor fundamentadas. ABARCA, una empresa clave en la manufactura de tecnología para la industria azucarera, desempeñaba un papel crucial en el avance de los ingenios, no solo en Puerto Rico, sino en toda América y otros continentes. Irónicamente, y casi de forma imperdonable, esta innovadora tecnología de difusores, que podría haber modernizado la industria en su apogeo, fue implementada en Puerto Rico cuando ya se encontraba en desventaja frente a otros países.
Si bien la industria tuvo ventajas significativas, como la generación de empleo y la contribución económica, también trajo consigo desventajas, tales como la explotación y el abandono de los trabajadores. No se puede discutir el desarrollo del sector sin abordar también el impacto negativo que tuvo en la vida de miles de puertorriqueños.
La Colección de ABARCA y su rol en el canon azucarero
El difusor de azúcar compone un solo elemento de lo que viene siendo una de las colecciones más importantes para la industrialización que existe dentro de AACUPR: La colección Fundición ABARCA. Este recurso tan vasto y multifacético, provee tanto a investigadores, historiadores y académicos con una multiplicidad de perspectivas dentro de lo que vienen siendo acontecimientos claves y en ocasiones fugaces dentro de la memoria colectiva y otros asuntos complejos con una historia que al ojo típico pueda parecer escueta y ya contada.
Es en este contexto que el difusor trasciende su papel como un mero aparato o componente industrial y se resignifica dentro de la historia de la industrialización puertorriqueña, convirtiéndose en un “¿Qué pudo haber sido?” o incluso en un agente catalizador para difundir y escudriñar las razones y factores innumerables que plagaron a la industria azucarera posterior a su época dorada.
Para el AACUPR, la colección ABARCA no es solo un archivo, es una puerta hacia la comprensión profunda de los procesos de industrialización y decadencia en Puerto Rico. Más allá de los datos técnicos y registros administrativos, esta colección permite reconfigurar narrativas establecidas, revelando con precisión cómo las decisiones económicas, tecnológicas y políticas moldearon la historia azucarera de la isla. Explorar estos documentos no solo enriquece el discurso académico, sino que también permite vislumbrar las conexiones entre el pasado y las realidades económicas actuales.
Cada documento en esta vasta colección es un vestigio de un tiempo que marcó a generaciones y cuyos efectos aún resuenan en la estructura económica de Puerto Rico. Si bien la industria azucarera ha desaparecido, su historia sigue viva en los archivos de ABARCA, esperando ser examinada con nuevas miradas. No es solo un legado industrial; es un recordatorio de las decisiones que construyen y desmoronan economías, y de la importancia de documentar lo que un día pareció inquebrantable.
Bibliografía
- Catálogo Silver Engineering Works, Inc. destinado a la Asociación de Técnicos Azucareros de Puerto Rico. 1967. Caja 55, Colección Fundición ABARCA, Archivo de la AACUPR.
- De Jesús, Manuel. Carta a Rafael Pumarada. Caja 48, Cartapacio 10, y Caja 1, Cartapacio 48, Colección Fundición Abarca, Archivo de la AACUPR.
- Díaz, Jerónimo. Carta al Dr. Fernando Badrena Jr, 22 de agosto de 1972. Caja 55, Colección Fundición ABARCA, Archivo de la AACUPR. Colección Fundición ABARCA, Caja 1, Cartapacio 48.
- Documentos varios. Caja 48, Cartapacio 10, y Caja 1, Cartapacio 48, Colección Fundición ABARCA, Archivo de la AACUPR.
- Dorr-Oliver Inc. Silver Continuous Ring Diffuser [catálogo]. Caja 55, Colección Fundición ABARCA, Archivo de la AACUPR.
- Egel, Lawrence. Carta a Jaime Rullán Mayol, subdirector de la División de Caña de Azúcar en Dorr-Oliver. 12 de octubre de 1967. Caja 55, Colección Fundición ABARCA, Archivo de la AACUPR.
- Informe Económico al Gobernador 1975. San Juan, PR: Junta de Planificación de Puerto Rico, 1975.
- Suárez. Nydia R. The Rise and Decline of Puerto Rico’s Sugar Economy. Río Piedras: Universidad de Puerto Rico, 1998.
Notas
[1] Suárez, Nydia R. The Rise and Decline of Puerto Rico’s Sugar Economy. Río Piedras: Universidad de Puerto Rico, 1998.
[2] Ibid.
[3] Ibid.
[4] Catálogo Silver Engineering Works, Inc. destinado a la Asociación de Técnicos Azucareros de Puerto Rico, 1967, pág. 1, Caja 55, Colección Fundición ABARCA, Archivo de la AACUPR.
[5] Ibid.
[6] Catálogo Silver Engineering Works, Inc. destinado a la Asociación de Técnicos Azucareros de Puerto Rico, 1967, pág. 9, Caja 55, Colección Fundición ABARCA, Archivo de la AACUPR.
[7] Ibid.
[8] Jerónimo Díaz, Carta al Dr. Fernando Badrena Jr., 22 de agosto de 1972, Caja 55, Colección Fundición ABARCA, Archivo de la AACUPR.
[9] Ibid.
[10] Informe Económico al Gobernador 1975. (San Juan, PR: Junta de Planificación de Puerto Rico, 1975), 49.
[11] Lawrence Egel, Carta a Jaime Rullán Mayol, subdirector de la División de Caña de Azúcar en Dorr-Oliver, 12 de octubre de 1967, Caja 55, Colección Fundición ABARCA, Archivo de la AACUPR.
[12] Silver Continuous Ring Diffuser [catálogo], Dorr-Oliver Inc., Caja 55, Colección Fundición ABARCA, Archivo de la AACUPR.
[13] Ibid.
[14] Suárez, Nydia R. The Rise and Decline of Puerto Rico’s Sugar Economy. Río Piedras: Universidad de Puerto Rico, 1998.
[15] Ibid.
[16] Ibid.
[17] Ibid.
[18] Ibid.
[19] Ibid.
[20] Ibid.
[21] Ibid.
[22] Documentos varios, Caja 48, Cartapacio 10, y Caja 1, Cartapacio 48, Colección Fundición Abarca, Archivo de la AACUPR.
[23] Suárez, Nydia R. The Rise and Decline of Puerto Rico’s Sugar Economy. Río Piedras: Universidad de Puerto Rico, 1998.
[24] Ibid.
[25] Manuel de Jesús, Carta a Rafael Pumarada, Caja 48, Cartapacio 10, y Caja 1, Cartapacio 48, Colección Fundición Abarca, Archivo de la AACUPR.
[26] Tabla IV-2: Empleo fabril, en miles, Informe económico para el gobernador 1975, 49.
[27] Suárez, Nydia R. The Rise and Decline of Puerto Rico’s Sugar Economy. Río Piedras: Universidad de Puerto Rico, 1998.
[28] Ibid.
[29] Ibid.
[30] Ibid.











